Martes 16 DE Julio DE 2019
Opinión

Imaginario

Una Nación no existe si no se cuenta verdaderamente.

 

Fecha de publicación: 27-04-16
Por: Anabella Giracca

Estamos ante la llamada “revolución epistemológica”. Hemos transitado de una cultura alfabética a una cultura visual. La tecnología nos ha llevado de la mano hacia el triunfo de la cultura de la imagen. A movernos de una inteligencia analítica, estructurada, hacia la inteligencia visual.

Entre muchas otras definiciones, se entiende por cultura al conjunto de valores únicos e irremplazables; a la expresión de cada pueblo como la forma más lograda de definir el mundo. Esa evidencia que tienen los grupos de ordenar y representar la realidad se perciben a través de los llamados “imaginarios culturales”. Ahí también habita la identidad.

A través de la imagen percibimos. Y percibir es más que ver. Es enterarse de una cosa por los sentidos, comprende, advierte, aprecia, nota. Es pensar sintiendo o sentir pensando. O sea que es desde los imaginarios que percibimos lo que vemos, o lo que “quieren que veamos”.

Es preciso trabajar y estudiar la imagen porque guía nuestra acción. Se interioriza como referente. El imaginario nacional está construido por un conjunto de íconos y se difunde por diversidad de medios. Nos sitúa en la sociedad, orienta nuestras motivaciones. Es expresión colectiva.

Pero el imaginario que se difunde en libros, medios, vallas, publicidad, entre otros, muchas veces manipula conciencias. Opera con ideología. Seduce. Forma (malforma). Instruye sobre montajes construidos al margen de la verdad. Hay que desmontarlo para adquirir un pensamiento crítico; una propia y fresca identidad donde quepamos todos. Porque una Nación no existe si no se cuenta verdaderamente.

Se pueden percibir políticas públicas de olvido. O sea que omitir imágenes también forma parte de esa construcción. Borrar hechos representa un juego perverso. Omisión “inmaculada” con posibles fines hegemónicos. Un ejemplo: ignorar en el imaginario la reciente Marcha por el Agua de miles y miles de indígenas y campesinos fue sorprendente. Pocos medios cubrieron con notoriedad esa impactante imagen que abarcó calles frente al Congreso. No fue portada, a pesar de su imponente presencia. A pesar de las miles de mujeres con sus niños, hombres y ancianos denunciando el desvío de ríos, la contaminación de sus lagos, el despojo de sus recursos. ¿No debería de ser esto parte de nuestro imaginario? (guste o no guste). Al parecer se diluye la verdad. Se desdibuja. Divide mundos. Ignora reivindicaciones. Porque en el imaginario guatemalteco, la interculturalidad siempre queda fuera.