Martes 13 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El morboso, Julio Aldana y sus criaturas psicopáticas

El único soberano es el pueblo, no hay otro, concluye Joel Bakan.

 

— Edgar Balsells
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Las investigaciones de elPeriódico nos dejan atónitos: Consultper era la máquina de dividendos del expresidente Pérez Molina, quien además se fondeaba del principal banco de desarrollo del país, y se asesoraba del influyente conseguidor Julio Aldana, con la ayuda de “vehículos mercantiles y financieros”, léase empresas de cartón y finanzas ocultas.

Pero esos sucesos no nos pasan tan solo a nosotros, como folclóricamente algunos pretenden exclamar. En los inicios del siglo XVII, los denominados jobbers (trabajadores a destajo), merodeaban por los cafés del Exchange Alley de Londres, en busca de inversores crédulos a quienes vender acciones de compañías falsas, nos lo relata Joel Bakan, Profesor de Derecho de la University of British Columbia.

Tales personajes son hoy en día los propulsores de las criaturas psicopáticas, esas sociedades anónimas en donde varios individuos se unen para formar un cuerpo, bajo una denominación especial que actúan, gracias a las leyes mercantiles, como un solo individuo. Tales corporaciones son conceptualizadas entonces como seres libres e independientes.

Es así como Chévez le ofrece a Baldetti constituir, sin mucho esfuerzo un “banco de segundo piso” en Australia, con el producto de los sobornos, constituidos gracias a la ingeniería corporativa del morboso y su bufete, que ha hecho pisto desde que se inició todo este descabellado proceso de privatizaciones movido por los bufetes de postín mercantilistas, de las zonas 10 y 14.

Con el inicio de las privatizaciones, que se catapultaron en la época Arzú, se comenzaron a diseminar los mal llamados usufructos onerosos. Recuerdo bien que cuando llegué a Fegua en tiempos de De León Carpio, mi señor padre me explicaba: “esas son figuras del Derecho Privado, que ahora ciertos abogados intentan trasladar al lado público, mediante argucias, para hacer negocios dudosos”.

Y así se fue escribiendo la historia de este país, lo interesante es que hoy incluso la Procuraduría General de la Nación acusa a todo un gabinete, de amparar un ilegal usufructo oneroso, pero en su mero tiempo, todo mundo estuvo de acuerdo, simplemente porque el gran Kaibil de turno, apodado Tito, por su nombre de combate, “representaba la unidad de la nación”, y como General de la Paz, era imposible que estuviera metido en tropelías. Todos lo fuimos consintiendo, empezando por supuesto por los órganos contralores.

Dice la gente que ha estudiado estos entuertos público-privados a escala globalizada, que lo que nos queda para impedir estos males que avergüenzan a nuestra sociedad es construir más democracia, y una esfera pública más sólida.

“Es hora que perdamos el miedo (…) y desarrollemos nuestra capacidad de unión, es hora que nos organicemos y recuperemos nuestra fe en nosotros mismos y en los demás” nos dijeron los líderes de aquel movimiento de Cochabamba, que ante presiones del propio Banco Mundial, recomendaba la privatización del agua. El movimiento siguió y siguió, y el gran banco no pudo más que reconocer, “que se había equivocado en sus recomendaciones”.

El único soberano es el pueblo, no hay otro, concluye Joel Bakan, un abogado que desde Norteamérica se ha dado a la tarea de estudiar la inmoralidad y la avaricia de las sociedades anónimas, concluyendo que las mismas han sido el caldo de cultivo de las grandes crisis financieras y de la depresión mundial, que aún amenaza al mundo desarrollado y en desarrollo.

Es por ello que la reforma del Estado, del servicio civil y de nuestras instituciones es uno de los aspectos clave, que está en el centro de las discusiones, para evitar que sigamos cayendo de babosos ante la avaricia de la “clase política” y las elites económicas.

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