Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Otra agresión beliceña

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El pasado miércoles, soldados beliceños atacaron a balazos a una familia guatemalteca en Petén, cerca de la frontera con Belice, causando la muerte de Julio René, un niño de 13 años, e hiriendo a su hermano de 11 años y a su padre. Este incidente provocó la inmediata movilización de las fuerzas armadas guatemaltecas y que nuevamente se elevara la tensión entre los dos países.

Hace poco más de dos años, una patrulla beliceña asesinó al campesino guatemalteco Tomás Desdicho Ramírez, en tanto que el otro campesino, hermano del fallecido, Feliciano, logró escapar y contar lo que sucedió. Estos dos incidentes se suman a la larga cadena de ataques beliceños contra guatemaltecos en la denominada “zona de adyacencia”.

Por tanto, esta es la enésima vez en que las fuerzas armadas beliceñas asesinan a guatemaltecos en la zona de adyacencia entre Guatemala y Belice, bajo el socorrido argumento de que los guatemaltecos habían incursionado en territorio beliceño. Aunque así fuera no es motivo para matar a nuestros compatriotas. ¡Qué intolerancia! ¡Qué barbarie! ¿Por qué no solo se les aprehende o detiene y se les entrega a las autoridades guatemaltecas? ¡Criminales!

De todo hemos aguantado en los últimos tiempos de parte de las autoridades beliceñas. Hasta humillaciones. La última humillación ocurrió el 30 de septiembre de 2013, con motivo de la 68ª Asamblea General de la OEA, cuando el canciller beliceño Wilfred Elrington dijo que Guatemala era “una amenaza existencial” para su país, dando a entender que Guatemala podía invadir impunemente el territorio que detenta Belice y cuya devolución reclama nuestro país, así como lo hizo Rusia en Crimea.

Otra humillación que tuvo que soportar nuestro país es el unilateral cambio de las reglas del juego para la consulta popular en Belice (con la clara intención de que no se ratificara el acuerdo), convenida a fin de que el diferendo territorial entre ambos países pudiera ser sometido a la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia (La Haya, Holanda), lo que evidenció mala fe de parte de las autoridades beliceñas y una absoluta torpeza de parte del Canciller Haroldo Rodas durante el mediocre, inútil y abyecto régimen de Álvaro Colom (2008-12).

Por tanto, exigimos que los responsables del asesinato del niño guatemalteco sean juzgados y debidamente castigados; y, para el efecto, debe promoverse ante el Sistema de Integración Centroamericano (SICA) y ante la misma Corte Centroamericana de Justicia, ya que Belice es miembro del SICA, y no ante la OEA, que es un organismo regional que ha demostrado reiteradamente estar predispuesto en contra de Guatemala.

En todo caso, debe tenerse presente que Belice se adhirió al Estatuto de la Corte Penal Internacional, que subsidiariamente juzga y sanciona a los responsables de la comisión de crímenes de lesa humanidad, entre ellos el asesinato, el encarcelamiento u otra privación grave de la libertad física, la tortura, la desaparición forzada y otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física.

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