Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Pivotes

“No cedas ante el mal, más bien procede aún más resuelto en contra de él”.

 

— Luis Fernando Cáceres
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El martes participé en la despedida profesional de un individuo que lideró, con templada osadía, un honesto esfuerzo por cambiar su entorno. Comportamiento íntegro y trato digno fue la fórmula que favoreció para guiar la empresa que dirigió por cinco años. En su discurso de marcha, él notaba la considerable crisis ética en la que nos encontramos. Tiene razón. Impresiona lo salpicado de defecación que se encuentra toda nuestra sociedad. Saltan buitres por todos lados, cada uno regocijándose mientras llena el buche con los provechos del engaño, el desperdicio y la muerte.

Me parece que hasta se ha erosionado la sorpresa de ver tanto individuo involucrado en actividades negras. Ya no sorprende encontrar personas de todos los estratos, de todo tipo de educación y con cualquier historial envueltas en todas esas actividades que desangran a este país.

Ciertamente estamos en un momento crítico donde el comportamiento no lo dicta un set de valores o un código de ética. La gallardía y el honor son los grandes ausentes. Mientras los trabajos de investigación de la CICIG y del MP avanzan uno, ciertamente, ve que hay organizaciones negras que todo lo tocan, pero, por otro lado, uno va descubriendo el público tan amplio que estas redes han reclutado.

Este momento, este punto en la historia de este país, es fustigador precisamente porque marcará el principio del fin del proyecto que intentó generar una república libre en este terruño o, por otro lado, el inicio del cambio que nos llevará a una vida coherente.

No podemos seguir viendo con indiferencia y flojera la falta de verticalidad en el comportamiento. En actos grandes o pequeños la moral debe imperar. Debemos ser contundentes al rechazar las acciones marginales, esas que se salen de lo auténticamente recto.

Bien dice el dicho que “el perico donde quiera es verde”, y nosotros debemos ser y necesitamos rodearnos únicamente de guatemaltecos dignos, los demás deben ser abiertamente rechazados sus actos deben ser resistidos y repugnados.

Este verdaderamente se torna en un momento histórico en el que debemos pelear la buena batalla y extinguir la podredumbre que ha invadido todas las esquinas de esta nación. Usted y yo debemos actuar porque la indiferencia en sí misma es ya una palmada en la espalda de los torcidos. Los truhanes, las cucarachas que se aprovechan del Estado y que desmerecen el trabajo de los guatemaltecos honestos deben ser extirpados de nuestra sociedad.

Este es el punto de quiebre en el que debemos pararnos y asegurar la victoria. Los guatemaltecos honestos que anhelamos una patria libre, digna y próspera debemos merecerla combatiendo al mal. Como bien decía Virgilio: “No cedas ante el mal, más bien procede aún más resuelto en contra de él”. Dejemos solo de anhelar y consigamos para nosotros el país que deseamos.

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