Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Alfonso Porres

Con su partida perdemos a un ser humano abierto a la discusión.

— Irmalicia Velásquez Nimatuj
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En el año 2009 Avancso junto al antropólogo Charles R. Hale propusieron explorar cómo el racismo institucional delineaba la cotidianidad de varios sectores de Guatemala, para este proceso se invitó a participar, en amplios diálogos, a mujeres y hombres indígenas, mestizos y ladinos de diferentes clases sociales y de diferentes regiones lingüísticas.

A este esfuerzo por captar y aprender cómo opera el racismo colectivo e individual fuimos invitados el antropólogo Alejandro Flores y yo. El recorrido que realizamos a nivel nacional fue grabado por Alfonso y su equipo. Para mí fue un viaje de aprendizaje único, como parte de un equipo multidisciplinario. Recorrimos juntos buena parte de la Guatemala “india y profunda”, atravesamos montañas que nos recordaron lo pequeño que somos, apreciamos la destrucción natural en toda su magnitud pero también admiramos la imponencia de la naturaleza.

Al llegar a cada ciudad o comunidad, Alfonso y su equipo preparaban los espacios técnicos para iniciar las largas, profundas, amargas o contradictorias intervenciones en las que nos imbuíamos y eran los últimos en retirarse. Al final de cada día de trabajo nos reuníamos, como equipo, a discutir lo aprendido y en esos debates Poncho, parecía ser el menos cansado, de su mente rebosaban ideas, propuestas y polemizaba la discusión con sus argumentos pero también, sumaba a lo logrado trayendo sus experiencias dolorosas –muchas provenientes de su propia familia– de las que había sido testigo y que mostraban la crudeza del racismo, la deshumanización de algunas familias frente a la vida y la dignidad de los indígenas, y que retrataba cómo Guatemala, para algunos, seguía siendo una finca con mozos sin dignidad. Poncho, también se caracterizaba porque, rebatía algunas de nuestras posturas y con su actitud, nos empujaba a ir más allá de nuestros planteamientos, pero también era sensible frente a los sectores ladinos y mestizos pobres que eran quienes con mayor naturalidad reproducían la internalización de la inferioridad racional de múltiples formas y que su cámara grabó durante días y días.

Con su partida perdemos a un ser humano abierto a la discusión, a un activista que reconocía que la lucha es colectiva y en contra de múltiples sistemas opresivos.

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