Lunes 17 DE Junio DE 2019
Opinión

“Novus Ordo Mundi” (II)

Debieron ser extranjeros quienes en la sala señalaron al muerto bajo la mesa.

Fecha de publicación: 20-04-16
Por: Italo AntoniotTi

En mi columna anterior, me referí a los “Panama Papers” y al nuevo orden mundial que se cernía en el mundo financiero, también expresaba el hecho que los impuestos se pagarán en la plaza donde se generen los ingresos, algo que el nuevo movimiento de transparencia global impulsa y que serviría en gran medida, para el financiamiento propio de los países en desarrollo.

La existencia de empresas offshore se desvirtuó cuando se convirtieron en instrumentos para evadir impuestos, ocultar dinero mal habido por corrupción y lavar dinero producto del narcotráfico. Algunos han protestado por la satanización de dichas compañías; no obstante, cuando se declaran ganancias menores en países subdesarrollados y se ocultan en paraísos fiscales como Jersey, Seychelles o Panamá, la cosa se vuelve cuestionable y hasta aberrante. La libre movilidad de capitales es fundamental para el crecimiento económico y aquellos que deseen invertir lo harán donde existan mayores garantías para su patrimonio. Eso nada tiene que ver con la evasión de impuestos y lavado de dinero.

La globalización ha generado un sistema de interdependencia en el que las naciones han debido ceder su soberanía, la suscripción de tratados de libre comercio y convenios como el Grupo de Acción Financiera conocido por sus siglas como el GAFI, ineluctablemente desembocarían en lo que actualmente vemos. El repentino ataque de soberanía que en Guatemala algunos experimentan, como invadidos por el Espíritu Santo en los shows de Cash Luna, es una evidencia más del carácter tropical de nuestras elites. Mal, tarde y nunca decidieron ponerse el traje del interés nacional, pues jamás existió la menor intención de desbaratar la estructura de impunidad y el sistema de privilegios que ha imperado en el país; al punto que Guatemala es la única nación del hemisferio que aún no cuenta con una ley antimonopolios y por ello, ahora a marchas forzadas se discute en el Congreso so pena de perder las ventajas de los tratados comerciales suscritos.

Causa hilaridad que queramos tratos preferenciales para nuestros productos y al mismo tiempo busquemos que las reglas del juego sean distintas para nosotros. Con ello me refiero a exenciones fiscales que categorizan a los ciudadanos y subsidios gubernamentales a sectores que no precisamente están en condiciones vulnerables.

Asimismo, el juego de la seguridad internacional hace que nuestra soberanía ante el mundo sea tan valiosa como el conocimiento del Esperanto, para muestra, acabamos de ver lo que ocurrió en el Puerto Quetzal, que en realidad fue un golpe a las estructuras que buscaban conservar la porosidad en dos temas vitales para los Estados Unidos: el terrorismo y trasiego de estupefacientes. De un manotazo en la mesa, nos acaban de mostrar que si no interviene la comunidad internacional a través de la CICIG, las estructuras que tanto daño han ocasionado estarían intactas y nuestro Ministerio Público sería una entidad persiguiendo a ladrones de gallinas. El helio que hacía crecer el zepelín de la soberanía, acaba de escapar por un boquete llamado “caso TCQ”, pues ilustra de nuevo que la corrupción siempre ha estado aquí, las elites lo han sabido y apoyaron decididamente el ascenso de la última camarilla que saqueó al erario nacional. Debieron ser extranjeros quienes en la sala señalaron al muerto bajo la mesa. Entonces: ¿De qué nos quejamos?