Martes 13 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La corrupción antes y después del 25 de abril

La corrupción no es el único problema que nos agobia, pero nos urge derrotarla.

— Miguel Ángel Sandoval
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En un texto que titulé, La Revolución Moral del siglo XXI, hacía algunas consideraciones sobre el impacto del movimiento desencadenado por el escándalo de La Línea y el involucramiento de la pareja presidencial. Junto con antecedentes hice en ese entonces, junio del 2015, una afirmación que daba pie al título del texto y a la idea de una revolución moral en nuestro país: antes del 25 de abril la corrupción era socialmente aceptada, mientras que después del 25 pasó a ser socialmente rechazada. Es a mi juicio, el gran balance de esta movilización social.

Esto no significa que no exista corrupción, ni que la revolución moral haya culminado en el país, pues para empezar, no muchas opiniones abonan en esa dirección aunque eso forma parte del trabajo de dar ideas en un medio como el nuestro. Pero el hecho es que hoy día, ser corrupto es socialmente condenado mientras que antes de esas jornadas memorables, quien hacía función pública y no engordaba su patrimonio, era por lo menos pendejo.

Claro que no todo es miel sobre hojuelas, como se puede observar en la actualidad, en donde se amasan fortunas evadiendo el fisco (Panama Papers) o con el viejo método de ordeñar las finanzas del Estado (exigiendo porcentajes sobre las obras) en una especie de espiral sin fin. Pero se ven reacciones inmediatas a los desmanes de los funcionarios públicos o privados, lo cual forma parte de las nuevas actitudes que vieron la luz con el movimiento del 25 de abril.

La corrupción no es el único problema que nos agobia pero, afirmo de manera categórica, que no existe política pública o programa de gobierno que se pueda impulsar si no se combate y termina las expresiones de corrupción que siguen frescas y activas en las más diversas esferas sociales o políticas de nuestro país, lo cual es una verdad que no necesita ser demostrada.

La conmemoración del primer año de estas jornadas no puede limitarse al homenaje, pues hace falta impulsar la gran agenda que salió de las plazas y de los cientos de reuniones que tuvieron lugar desde entonces. La revolución moral o ética, está por desarrollarse y ello puede ser uno de los aglutinadores en las jornadas que sin duda se avecinan, pues de acuerdo a múltiples señales, nuevas movilizaciones se encuentran a las puertas. La sociedad tiene la palabra.

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