Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Chea Urruela

— Jose Rubén Zamora
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En su calidad de embajador especial para la Inversión Extranjera, José Luis Chea Urruela coordinó para más de una docena de empresarios de distintos países y diferentes nacionalidades, citas con el entonces presidente Pérez Molina, con el propósito de explorar la posibilidad de que los mismos invirtieran en Guatemala. Fue en este contexto que tuvo lugar la cita entre el presidente Pérez y el señor Gustavo Brignone, representante de la empresa SAG, que resultó lamentablemente de cartón y con un proyecto entre manos con un sobreprecio fraudulento de grandes proporciones. Todas estas visitas están debidamente documentadas en los informes mensuales y escritos que el embajador Chea Urruela remitió al Ministerio de Relaciones Exteriores. Nada que esconder.

Conozco a José Luis desde hace más de 20 años, y en todos los cargos que ha desempeñado, lo ha hecho con el profesionalismo que lo caracteriza. José Luis es, en mi opinión, uno de los últimos políticos y diplomáticos ilustrados con los que cuenta Guatemala, especie en vías de extinción. Su solida preparación académica, su paso por las universidades de Georgetown y Texas, su cultura, su capacidad de análisis, sus peculiares sentido del humor, sarcasmo e ironía, que no pocos problemas le han traído y su olfato político hace de él no solo un fino diplomático sino también un funcionario de primer mundo.

José Luis es, lo que hoy en día podríamos denominar, un hombre de Estado, con la experiencia y la madurez que le dan los años y la brillantez que le da la calvicie. Es, posiblemente, uno de los miembros más destacados del Gabinete del presidente Morales, opinión en la que coinciden otras muchas personas.

Quiero tomarme unos momentos, en mi ajetreado retorno a Guatemala, para, desde esta columna, poder saludar al amigo y al funcionario y desearle lo mejor en su actual cargo de Ministro de Cultura y Deportes. Todos sabemos que la carencia de vicios añade muy poco a la virtud, pero pocos sabemos, como diría Kant, que la inteligencia de un individuo se mide por la capacidad de incertidumbre que es capaz de soportar. Ese es José Luis.

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