Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Crisis,  refundación del Estado y transparencia

La gente quiere que el Presidente asuma un liderazgo… 

— Fernando González Davison
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Una crisis política sucede cuando se pone en riesgo la correlación de fuerzas y afecta el statu quo. La misma puede ser ministerial, de gabinete o, si es más profunda, de Estado, donde se requiere una reingeniería en sus tres poderes. La que se observó hace un año no fue ministerial, ni de gabinete, sino de un Estado al servicio de una minoría y una impresentable clase política. De ahí la protesta general de los de abajo, de en medio y algunos de arriba, unidos contra el régimen como sucedió en 1920, en 1944, en marzo de 1962, que derivaron en la salida del mandatario de turno. La de 2015 aún parece que no se ha resuelto, porque el viejo Estado mantiene sus viejas políticas y costumbres sin que la gente perciba cambios en lo doméstico y en su política internacional. La gente sigue demandando transparencia y el fin de las prácticas corruptas que siguen en el sector público. Esas que han llevado al Estado a un colapso en la atención básica de salud, educación, seguridad policial y alimenticia. De ahí que la comunidad internacional ese año apoyó al pueblo contra una clase política que capturó la soberanía para beneficiarse y olvidar a la gente. Y el pueblo recuperara su soberanía detentada por quienes corrompieron las instituciones estatales en salud, educación, desarrollo rural, empleo, Congreso y Cortes… La crisis sigue porque los diputados bloquean las reformas estatales que se requieren, las Cortes siguen siendo presionadas… Solo ganan aplausos la CICIG y el Ministerio Público que, con un golpe maestro, capturó a Los Mendoza, que financiaron a los grandes partidos desde 1999. Los de abajo y los de en medio demandan que las instituciones públicas funcionen a favor de su bienestar como manda la Constitución. Y la comunidad internacional exige que Guatemala cumpla sus obligaciones con el mundo y su propia gente, porque ello repercute afuera y amerita su injerencia humanitaria, pues los derechos humanos no tienen fronteras, acá vulnerados día a día con un Estado ausente. No obstante, el sector público y patronal miran para un lado, con una Cancillería y un sector patronal que son contrarios a “la embajada” y a la comunidad internacional. Ayer el embajador Todd Robinson reiteró que sus palabras no son injerencias sino mensajes para que se actúe con transparencia y responsabilidad ante un pueblo que, además, sufre hambre, teniendo el país todas las condiciones para nutrir a toda su población. Reclamó a los magnates y dirigentes políticos que actúen para resolver de una vez por todas nuestra gran problemática social para con los de abajo. Habrá un cambio cuando asuman su responsabilidad. La comunidad internacional colabora aún pero no puede solucionar los problemas que compete resolver al Estado y a la elite, que debe pagar sus impuestos, consciente que la reforma del Estado es indispensable para detener esta crisis.

La gente quiere que el Presidente asuma un liderazgo y se cohesione con las mayorías y no solo con la minoría de siempre. Eso es nacionalismo, el nacionalismo que impulsó Juan José Arévalo: un gobierno para las mayorías. Arévalo necesitó un gabinete coherente para tener un norte. El Presidente tiene que atreverse a ese cambio y volcarse a las mayorías para refundar el Estado según el interés nacional, con la cooperación externa. De lo contrario, seguirá la crisis.

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