Lunes 24 DE Junio DE 2019
Opinión

Creencias

No puede haber emancipación si estamos sujetas a mandatos sobrenaturales.

Fecha de publicación: 02-04-16
Por: Anamaría Cofiño K.

La Constitución Política de Guatemala emitida en 1985 empieza invocando el nombre de Dios, y en sus Artículos 36 y 37 se refiere a la religión y a las iglesias en términos que es necesario debatir. Le otorga a la Iglesia católica una exoneración de impuestos, arbitrios y contribuciones sobre sus bienes inmuebles que en principio es cuestionable. También le permite manifestarse en los espacios públicos que son de toda la sociedad. Bajo tales preceptos, la laicidad del Estado, requisito fundamental para que la democracia sea plena, queda en entredicho.

Creer es un acto de fe. Dar por cierto algo que no está comprobado o demostrado es un gesto de conformidad. Es prestarle crédito a algo improbable. Las creencias religiosas son un conjunto de dogmas a los que las personas se adhieren por distintas razones. En nuestro caso, la religión suele imponerse con el bautismo a los pocos días de nacer. Nuestro derecho a la libre determinación es violado muy temprano en la vida.

Reproducir un dogma a través de manifestaciones místicas donde hay derroche de símbolos y mensajes expresados en diversidad de lenguajes, es contribuir a mantener y perpetuar una tradición, con sus creencias y mandatos. En el caso de las velaciones, rezos, conciertos, marchas y procesiones que durante la semana anterior se llevaron a cabo en el territorio nacional, se sacraliza y fortalece un relato y unas prácticas que merecen un análisis crítico a fondo.

La cultura que construye al chapín está fuertemente marcada por el cristianismo occidental. Con ella se entrevera una rica gama de creencias provenientes de las culturales ancestrales y de otras más lejanas que se sincretizan en multiplicidad de prácticas que se han ido resignificando con el tiempo y las circunstancias. De esa cuenta, vivimos en una sociedad saturada de creencias, supersticiones, mitos, rituales y celebraciones religiosas.

Feministas de distintas culturas y tiempos hemos cuestionado a las religiones que promueven la sumisión de las mujeres, por representarnos como impuras y malas, por instituir la opresión como algo natural. La superioridad que pregonan del hombre sobre todos los seres es uno de los pilares básicos del patriarcado. Y el patriarcado es un sistema basado en la desigualdad y el uso de la violencia para la dominación que condiciona a las mujeres a asumirse como seres inferiores, objetos de posesión.

La gestión, administración y toma de decisiones dentro del aparato del Estado deben realizarse con base en las leyes y no en convicciones espirituales, porque son hechos de interés común que afectan al conjunto de la sociedad. Y las sociedades están conformadas por diversos tipos de gente, unas creyentes y otras que no lo son o que se declaran agnósticas, ateas, seculares o librepensadoras. Una razón de peso para promover la separación entre Estado y religión es que se hace gobierno para el bien común, y ello implica el respeto a las libertades de todas las personas.



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