Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El reto de la microeconomía (II)

En resumidas cuentas, es mejor tener estabilidad macroeconómica que no tenerla.

— Hugo Maul R.
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Pretender ser competitivos internacionalmente gracias a la estabilidad macroeconómica sería como pretender ganar la Maratón de Boston por amarrarse bien los zapatos tenis. Por más importante que sea este pequeño detalle, en el gran esquema de las cosas, para ganar esa maratón hacen falta muchas otras cosas más importantes que un par de zapatos tenis bien amarrados. Aunque, como bien sabe todo corredor de fondo, un par de zapatos mal amarrados puede ser la causa de terribles males en distancias largas. Con la estabilidad macroeconómica pasa exactamente lo mismo: si se goza de ella, es poco lo que se gana en términos de competitividad internacional; en ausencia de ella, la competitividad peligra. Un buen ejemplo de lo primero es lo que sucede con Guatemala; un buen ejemplo de lo segundo es lo que sucede con Venezuela. En resumidas cuentas, es mejor tener estabilidad macroeconómica que no tenerla, pero no basta para promover el desarrollo a largo plazo de un país. Es decir, es una condición necesaria pero no suficiente. Suiza, el país que encabeza el ranking de competitividad del Foro Económico Mundial, ha tenido tasas de inflación promedio menores al cinco por ciento desde finales de la Segunda Guerra Mundial y, salvo por un breve episodio entre 1920 y 1925, las tasas de inflación fueron bajas durante casi todo el Siglo XX. Frente a esta evidencia no se puede pretender que Guatemala tenga ventaja competitiva alguna por su estabilidad macroeconómica frente a países que han gozado de ellas durante los últimos 50 o 70 años.

Desde esa perspectiva queda claro que el reto principal en materia de desarrollo consiste en aprovechar el entorno que ofrece la estabilidad macroeconómica para promover políticas económicas específicas que permitan desarrollar sectores específicos con potencial competitivo, capacidad de generar empleo de forma masiva, atraer inversión extranjera y con potencial para obtener importantes ganancias de productividad y eficiencia. Junto con esto se necesitan también trabajadores mejor capacitados y una política salarial congruente con el objetivo de promover el empleo. Se necesita investigación y desarrollo en nuevos productos. Aunque a muchos pueda disgustarles la idea, también se requiere utilizar incentivos fiscales, no solo para que más empresas decidan participar en estos sectores de mayor dinamismo económico, sino también para que se mantengan competitivas frente a competidores internacionales que gozan de ese tipo de beneficios. Estos nuevos sectores económicos deberían promover el encadenamiento hacia atrás con proveedores locales y demandar trabajadores con mejores niveles de educación y capacitación. Asuntos que poco o nada tienen que ver con el ambiente macroeconómico del país pero que rara vez se discuten de manera ordenada y propositiva en el país. Asuntos que sí podrían ayudar a mejorar la posición competitiva del país y generar mayores y mejores oportunidades para todos.

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