Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Reflexión de Semana Mayor: Un recuerdo por Salomón Dary

Salomón y este escribiente éramos pupilos del Grillo Quevedo, y parte del equipo de atletismo de la Usac.

 

— Edgar Balsells
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En mis años mozos de deportista seleccionado nacional de Atletismo fui una víctima más de la mala práctica médica: “Menicidio” se le llama ahora, “Menisectomía” se llamaba diplomáticamente, y era una moda de traumatólogos carniceros, que hicieron harto pisto con el montón de futbolistas que ante los constantes quiebres del juego, se jodían las rodillas.

Habiendo sufrido una lesión debida a la fuerza e intensidad del evento que practicaba, la carrera de obstáculos, el consejo inmediato del médico fue: “no se preocupe, le quitamos los meniscos y quedará nítido”. Nada de eso pasó y como el deporte de antes ni siquiera contaba con el ahora jugoso “aporte constitucional”, lo que nosotros hacíamos era por puro amor al arte, de lo que de ninguna manera me arrepiento porque de ese ambiente de allí por el Mateo Flores y la Ciudad Olímpica, vinieron mis grandes amigas y amigos, y ello afloró en tres bellas hijas.

Pero había alguien muy especial, que venía de ese vivero de atletas que se llamaba Colegio San Sebastián, en donde estudié parte de la primaria y me cultivó el amor a ese deporte olímpico por excelencia: se llamaba Salomón Dary Mansilla, y como lo dijo mi amigo Pancho en una foto que colgué en la red, tenía el semblante de un héroe griego y era grande en la batalla.

Salomón y este escribiente éramos pupilos del Grillo Quevedo, y parte del equipo de atletismo de la Universidad de San Carlos, y siendo muy jóvenes partimos a los Juegos Centroamericanos en el ahora majestuoso Estadio de La Sabana en Costa Rica en donde arrasamos con el oro y plata en los 110 y los 400 metros con vallas.

Con Salomón hicimos otros viajes y compartíamos eventos, y recuerdo su complexión fuerte y su aire siempre sencillo y simple, siendo además asiduo estudiante de la Facultad de Medicina, de donde eran la mayoría de atletas del equipo de la Universidad de San Carlos.

Y como el ser es producto de sus circunstancias, hubo un momento que no volví a saber de Salomón, simplemente se retiró de la práctica atlética y yo comencé a seguir también otros rumbos, como producto de ese menicidio que ahora me ha costado una segunda operación que gracias a la buena práctica del doctor Héctor Nuila, me ha mostrado los avances en la tecnología médica desde aquellos tiempos al presente.

Años más tarde me entero que junto a otros médicos, que tanto se necesitan en las batallas que libramos los humanos, con razón o sin razón, Salomón desapareció como desaparecieron muchos jóvenes de aquellos años, como le pasó por ejemplo a mis compañeros de Facultad Héctor Interiano y Cándida del Valle.

Y ahora que veo a Obama en Cuba y a Trump hablando guerrerismos y defendiendo el traslado de la embajada gringa a Jerusalén, me viene a la mente si en verdad los humanos hemos evolucionado a la par de la tecnología. Y mi respuesta es seriamente dubitativa.

Hemos alcanzado un alto grado de desarrollo en las fuerzas productivas, la tecnología médica por ejemplo hoy, comparada con mi primera internación en un hospital es completamente otro mundo de apoyo y de tecnología, pero pareciera ser que los seres humanos en cuanto a su sistema político y de estructura social van involucionando.

El imperio se derrite, y le está pasando lo que a Babilonia, Egipto y Roma, cada vez más idiotas con poder se apoderan de la rebelión de las masas, y me imagino que aquellos idealismos como los que llevaron a Salomón a cometer su martirio, seguirán presentes, hasta que las cosas cambien.

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