Viernes 19 DE Julio DE 2019
Opinión

Los resultados son lo que cuenta… y no las buenas intenciones

No desean un Directorio con líderes de la sociedad civil.

Fecha de publicación: 21-03-16
Por: Richard Aitkenhead Castillo

Hace una semana la columna se enfocó en las luces y sombras del pensamiento progresista. El objetivo fue enfatizar en la importancia del pensamiento progresista en la creación de un mejor futuro para Guatemala y en advertir los peligros de repetir errores del pasado, en momentos de cambio. Específicamente me refiero a las reformas de la SAT, que son fundamentales para aumentar los ingresos tributarios y buscar el equilibrio de las finanzas públicas.

En la primera parte de la década de los noventa, hubo esfuerzos serios por modernizar la estructura tributaria del país. De 1990 a 1993, se duplicaron los ingresos fiscales, en dos de esos tres años no hubo déficit fiscal, a la vez que se elevó el gasto social. Avances importantes pero insuficientes. A partir de 1996, el ministro José Alejandro Arévalo, dio otro paso importante e impulsó la creación de la SAT, a la que se dotó de un Directorio profesional e independiente.

Vinieron después los prejuicios políticos y la administración Portillo decidió meter la manos en la entidad. Los ciudadanos Directores renunciaron y la entidad se politizó. El ex superintendente Abadío terminó en la cárcel. Llega Carolina Roca a la SAT, presidida por una ministra muy capaz, María Antonieta de  Bonilla, y un presidente respetuoso de la autonomía de la SAT, Oscar Berger, que le devuelven la dinámica positiva al proceso. La carga tributaria se eleva al nivel récord de 12.1 por ciento del PIB, para fines del 2007. La entidad sí funciona.

En el período 2008-2011, bajo el liderazgo del ministro Juan Alberto Fuentes, primero, y de Edgar Balsells, después, no se logra hacer una reforma fiscal profunda y elevar la carga tributaria. El secretario privado, Gustavo Alejos, empieza a interferir y presionar a las autoridades de la SAT. Después, no logran apoyo para su reforma tributaria, ni en el propio gobierno. Por tanto, la carga retrocede a 10.9 por ciento del PIB. Ilusión progresista, realidad complicada. De lo sucedido después, todo es negro. La SAT se desmorona con los descubrimientos de “La Línea” y todo el entramado de corrupción en las aduanas.

El tema actual, la reforma propuesta. Hay consensos amplios pero la visión ideológica los lleva a buscar que el control sea estrictamente político. No desean un Directorio con líderes de la sociedad civil. Les recuerdo que los errores han ocurrido cuando los políticos han echado manos de la entidad, no cuando la han respetado. Es importante que se mantenga un Directorio con participación de elementos independientes al gobierno de turno. También es importante la creación del Tribunal Administrativo Tributario y Aduanero que brinde una instancia eficiente para resolver los casos de reparos realizados por la entidad. Es importante fortalecer la función del Estado pero garantizando objetividad, imparcialidad y no politización al ciudadano. Lo que se necesita es fortalecer su independencia institucional. Recordemos, los resultados son lo que cuenta… y no las buenas intenciones.