Lunes 20 DE Mayo DE 2019
Opinión

Ejército debe condenar los delitos sexuales

Nada justifica que un militar abuse de una mujer; sea amiga, novia o esposa.

Fecha de publicación: 19-03-16
— Rosalinda Hernández Alarcón

Al pasar los días, pareciera que la violación sexual de una estudiante –cometida por un soldado en un centro educativo dirigido por el Ejército guatemalteco– ya tendría que ser olvidada; pero no, ese tipo de agresión merece multiplicar voces para demandar que el victimario sea juzgado. Así también, vale analizar las reacciones conocidas ante este hecho, entre ellas, las de un jefe militar quien consideró que era un atenuante ser novia del agresor.

Para muchas mujeres, este delito sexual provoca gran indignación porque la víctima tiene 15 años de edad y fue agredida mientras cumplía un arresto en un Instituto Adolfo V. Hall, por un elemento del Ejército que ahora está prófugo. Cómo es posible que tras conocer este caso tan repudiable, las autoridades respectivas hayan permitido que el agresor se fugara para evitar su enjuiciamiento; eso se llama impunidad.

Una institución del Estado de Guatemala, como es el Ejército, tiene como deber garantizar el respeto a los derechos humanos por mandato constitucional. Por tal razón, tendría que haber condenado enérgicamente y de manera inmediata la violación sexual cometida por un soldado de primera clase a una joven estudiante, y no escudarse que el Adolfo V. Hall solo proporciona educación cívico-militar, “y no es una correccional”.

También causa gran indignación porque la respuesta de la institución armada ante este delito, fue castigar a todas las estudiantes que aspiran una formación militar en ese instituto, a quienes ahora se les niega el internado en dichas instalaciones, como garantía para evitar sean violentadas sexualmente, en lugar de promover el respeto a los derechos humanos entre compañeros de estudio. Esta orden coloca en una situación de desventaja a las alumnas en comparación a la atención que reciben los alumnos; tiene un carácter patriarcal porque privilegia a los hombres e inferioriza a las mujeres al negarles pernoctar donde estudian.

Tienen mucha razón las organizaciones de mujeres y feministas que resaltan la importancia de la educación sexual, que deberían observar todas las instituciones de formación académica, ya que “la carencia de ésta, provoca que las personas aprendan sobre sexualidad de todas las fuentes disponibles en su entorno social con información parcial, sesgada, errónea, ni pertinente ni adecuada a su edad”.

Los funcionarios públicos tienen que comprender que la Educación Integral en Sexualidad en Guatemala fortalece el desarrollo integral de las personas, comunidades y la sociedad en su conjunto. Para promover las relaciones sin abuso ni privilegios, son necesarios los procesos educativos basados en los derechos humanos, “de manera gradual, sistemática y de acuerdo con la edad y el contexto”, señalan las agrupaciones que la apoyan.

Entender como normal que los cuerpos de las mujeres son propiedad de los hombres y fomentar las relaciones autoritarias desde los organismos del Estado y las iglesias, sin duda impiden erradicar las violaciones sexuales, los embarazos de niñas y adolescentes, las infecciones de transmisión sexual, los abusos de curas pederastas y militares machistas, etcétera.