Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Luces y sombras del pensamiento progresista

Lo primero que se percibe, es su sentido de urgencia.

 

— Richard Aitkenhead Castillo
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Guatemala está cambiando. El mañana será muy diferente del ayer. No funcionará la vieja estrategia, que todo cambie para que nada cambie. La agenda de cambio está en marcha, con sus luces y sus sombras. Del mismo modo que el pensamiento progresista de nuestras elites y del liderazgo de la sociedad civil.

Lo primero que se percibe en los que gustan en considerarse progresistas, es su sentido de urgencia. Están conscientes que lo más peligroso para el proceso que promueven para Guatemala es la lentitud en el avance. Prefieren que se cometan errores a que se reduzca la velocidad del cambio. Esto es evidente con las presiones para cambios legislativos “expréss”, el alegre apoyo a la injerencia internacional si esta se mueve en dirección compartida, la poca paciencia con el gobierno de turno, la creciente descalificación de todo aquel que piense diferente y el entusiasmo con el que se promueve un mayor poder para las instituciones del Estado. Estas son las sombras.

Fue evidente en el proceso de elección de Magistrados a la CC. Ahora se refleja en la propuesta sobre la conformación del Directorio de la SAT, donde se propone un Directorio conformado por funcionarios públicos, sin excepción. Se ignora que las fuerzas que torcieron la experiencia anterior vinieron del mundo político, cuando el Presidente, su Secretario Privado, o alguna otra alta autoridad, interfirieron en la autonomía de la institución y cuando su Directorio, débil y sin la adecuada rendición de cuentas sociales, no se inmutó. La solución es fortalecer el poder civil en el Directorio y no la politización de la entidad. Es exigir transparencia y rendición de cuentas del Directorio. Este, no el Presidente, debe seleccionar al Superintendente. Es fundamental la participación de la sociedad civil en su Directorio.

Guatemala requiere construir una nueva visión del país. Una visión compartida e incluyente. Con el debido balance entre el interés individual y el colectivo. Con un sistema político fuerte pero transparente. Con instituciones sólidas, con presupuesto suficiente pero con gestión profesional, y no como botín de plazas inútiles o fantasmas. Con acuerdos nacionales que hagan realidad la erradicación de la desnutrición y de la pobreza extrema. Con un modelo de desarrollo económico de mercado pero que promueva el beneficio social y la sostenibilidad ambiental. Es momento de soñar todos juntos, y no unos solos, la nueva Guatemala.

El pensamiento progresista será fundamental en este proceso. Sus luces deberán ser la fuerza con la que impulse el nuevo sueño, con las que se presione a las viejas estructuras, se propongan soluciones prácticas no ideológicas, se respalde a los buenos funcionarios y se promueva mayor optimismo sobre el futuro. La democracia debe ser real, no otro nuevo disfraz. No necesitamos revivir la inquisición. Construir un mejor futuro, requiere compromiso, audacia, tolerancia a la diversidad pero, sobre todo, verdadera actitud democrática.

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