Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La paridad nunca tuvo posibilidad

“El supremo arte de la guerra es doblegar al enemigo sin luchar”, Sun Tzun.

— Danilo Parrinello
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Esta semana en el Congreso de la República en las discusiones sobre las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, que me pareció un fiasco, se tocó la impertinente propuesta de la “paridad” por sexo, tema que a mi parecer es un insulto a la inteligencia. Y además surge el racista argumento de indígenas y ladinos. Escuchando los histéricos argumentos de algunas feministas con más pasión que inteligencia, recordé un artículo (cuento corto) que publiqué el sábado 5 de octubre de 2013, aquí en estas mismas páginas de elPeriódico y que con la tolerancia de ustedes hoy reproduzco para que conozcan lo que pienso sobre el tema y a lo que puede llegar.

Han de estar y estarán. ¿Cuento o realidad? Al conocerse en el Congreso de la República las propuestas con los cambios a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, se convocó en días pasados por la sociedad civil a una magna reunión en el Domo de la zona 13. Allí se empezaron a discutir los cambios a la ley y se habló de las cuotas en función del sexo. De entrada se pidió por las mujeres, la mitad de las candidaturas en todos los cargos a elección popular. Petición discriminatoria y por ende inconstitucional. Pero aquí todo se vale, como que el Congreso celebre el cumpleaños de la actriz mexicana Silvia Pinal. Ahora vienen las cuotas y como hay que ser “progre”, pues allí vamos. La cuota fijaría a las mujeres un 50 por ciento de las candidaturas a diputado, sin importar si las candidatas tienen algún mérito, conocimiento, representatividad o capacidad para legislar; aquí se trata, a troche y moche, de ser políticamente correctos. Ante la propuesta feminista surgió iracunda objeción por parte de los indígenas (mayas, xincas y garífunas) que reclaman que no sea así nomás la cosa. Que seamos serios y que está bien, se acepta que vayan en partes iguales hombres y mujeres, pero dejan claro que deben ser 50 por ciento hombres ladinos y 50 por ciento hombres indígenas, así como mitad y mitad de mujeres ladinas e indígenas. Ante esto surgió la lógica propuesta del colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero), equivocadamente llamado “tercer sexo”, quienes dijeron debe considerarse que son un 10 por ciento de la población, por lo que exigen el 10 por ciento de las candidaturas. No tardó en aparecer la solicitud de los guatemaltecos residentes en el extranjero quienes demuestran ser más de un millón, por lo que piden el 20 por ciento de los puestos de elección, que deberán dividirse entre hombres, mujeres, indígenas, y ladinos así como LGBT residentes fuera de Guatemala. Ya casi agotadas las cuotas, indignados los jóvenes reclamaron ser la mitad de los electores, de tal suerte que todas las categorías deberán dividirse en dos, dando a los menores de 30 años la mitad de todas las candidaturas. Con voz ponderada surgió el reclamo de los miembros de la tercera edad a quienes deberá dársele un 20 por ciento. Cuando parecía terminada la bizantina discusión en lo alto del graderío se oyó a una mujer que dijo ¿Y las sexo servidoras qué?”.

Por fortuna privó la inteligencia y la propuesta no pasó.

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