Domingo 20 DE Octubre DE 2019
Opinión

Urge el inglés para artesanos

La buena confección con las telas típicas se queda en otros niveles. 

Fecha de publicación: 11-03-16
Por: Silvia Tejeda

La idea del título de este artículo, a muchos les parecerá descabellada, irrealizable, fuera de la tradición, lo mismo que le pareció al coordinador de programas de desarrollo, a quien se la sugerí hace más de diez años. Si no me contestó que estaba loca, fuera de foco, fue porque era un hombre cortés, pero el asombro de sus ojos me obligó a entender su pensamiento en la respuesta: “Si ellos son casi analfabetas, ¡cómo puede usted creer que van a aprender inglés¡”.

A mí, su manera de pensar, me indignó. Él tenía en su mente preestablecidos los esquemas de, hasta dónde se lleva “el desarrollo de los indígenas” y cuáles son sus límites, porque cuando le presenté mi segunda propuesta, al cuestionar, por qué a los artesanos se les enseñaba a utilizar una máquina de coser, pero nunca a manejar buenos patrones para mejorar la calidad de su confección, me respondió: Licenciada, usted está equivocada. Los programas de desarrollo no incluyen alguna de sus propuestas, ni las van a considerar.

La relación con el tema viene porque fui asignada para permanecer cinco días en el área, visitando algunos de los pueblitos que rodean el lago de Atitlán, y para poder tener un acercamiento a las artesanas de esos poblados, para observar su trabajo, el manejo del mercado para sus artesanías, así como sus condiciones de vida familiar. Todavía recuerdo que mereció un premio internacional la presentación de un caso del trabajo realizado por uno de esos grupos representantes de Santiago Atitlán.

Fue por esa causa como descubrí algo de la vida de esas mujeres admirables, para quienes tener un marido alcohólico e irresponsable no era limitante. Igual se hacían cargo de él, de los hijos y los quehaceres de sus hogares. Para tener ingresos, hacían el tiempo para elaborar bellas artesanías, en tejidos y manualidades, las que un intermediario indígena se las compraba recogiéndolas, semana a semana, y les pagaba unos cuántos centavos. Por ejemplo: por una docena de esas pelotitas de crochet, con que los orientales prometen que quitan el estrés, les pagaban Q10.00 la docena; los aretes y collares de mostacilla diez y cinco quetzales, y todos sus bellos trabajos, para no regalar abiertamente su esfuerzo.

Conforme más platicábamos, más me daba cuenta de la vil explotación de que eran víctimas de parte de sus mismos paisanos quienes manejan el mercado de sus creaciones, a otros niveles, como, sin duda, se acostumbra todavía.

Mis dos propuestas surgieron por las siguientes razones: Si el esfuerzo de quienes elaboran las artesanías fuera considerado por quienes se dedican a promocionar el turismo, sería parte de la estrategia económica del país que los artesanos aprendieran el idioma inglés, para que fuesen ellos quienes directamente se beneficiaran de los precios de sus productos y no anduvieran por las orillas del lago, y de los parques cargando su timidez y su poca capacidad de regatear con los turistas de otros países que, generalmente hablan inglés. Su economía hogareña aumentaría, y el estímulo económico iría para ellos directamente.

Quienes dirigen los programas de desarrollo de la mujer guatemalteca, generalmente creen que, regalando máquinas de coser por todos lados el nivel económico de muchas mujeres aumenta. Pueda ser, pero algunos de estos dirigentes no se han dado cuenta que saber pasar una costura, no es saber confeccionar. Y no exagero si me refiero concretamente a la ropa que se vende en los mercados de artesanías, una tela muy vistosa, pero cuando el cliente se la prueba, tiene el cuello torcido, un puño más grande que el otro y hasta al revés la colocación de los ojales. ¿Miento o exagero? La buena confección con las telas típicas se queda en otros niveles, donde las prendas se cobran en dólares, naturalmente.

Considero entonces que desarrollar las capacidades ya demostradas de los artesanos, no debería meterlos más en camisas de fuerza equivocadas que paralelamente les limitan su crecimiento económico. No podemos seguir alimentando un sistema, dizque de desarrollo que dicta: Sí podés llegar, pero hasta donde yo comienzo a aprovecharme de lo tuyo”.