Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Y sigue siendo “billonario”

Pareciera que este siglo será el de la generosidad, en el que muchos de los poseedores de las grandes fortunas en el globo se inclinan a las obras, no le llamemos de caridad, sino de compartir con lo que han recibido de gracia.

— JORGE H. LÓPEZ
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Perder en el año US$4 mil 200 millones y seguir en el primer lugar de los más ricos del mundo, según la revista Forbes, significa para Bill Gates el empoderamiento de su fortuna, de su empresa mundialmente conocida y de sus obras filantrópicas en las que no está solo sino tiene el respaldo de otros multimillonarios como Warren Buffett, entre otros, que le ha entregado US$31 millardos para sus obras de amor hacia los demás, sobre todo para aquellos que dentro de la pobreza agregan enfermedades. Son hombres que han recibido la bendición de la riqueza, pero también han tenido la valentía de la generosidad para compartir con el más necesitado, los marginados de las obras sociales.

Pareciera que este siglo será el de la generosidad, en el que muchos de los poseedores de las grandes fortunas en el globo se inclinan a las obras, no le llamemos de caridad, sino de compartir con lo que han recibido de gracia. La Biblia dice que hay que mandar a los ricos a que hagan buenas obras, pero no todos están enfocados en el bien ajeno, porque aquellos que obtienen dinero fácil lo despilfarran y lo ostentan, sin darle la mano al que necesita, porque no saben, cómo estos hombres con millardos de dólares en sus arcas, lo que es sudar para ganar cada centavo, administrar y dar conforme lo dispuso su corazón; el dar es también cuidar, porque las riquezas son efímeras o se corroen como el óxido.

Muchos creen erróneamente que tener dinero es malo, es pecado. Lo más equivocado que pueda existir, porque las sagradas Escrituras dicen que Dios tiene planes de bien y no de calamidad a fin de dar un futuro y una esperanza, lo malo es la riqueza que se hace mediante la corrupción, el engaño, la estafa y el robo, el fraude, aprovecharse del cargo público o en una empresa privada o de aquellos que envidian y amasan fortunas por medio de la explotación laboral, tráfico de drogas, crimen organizado.

Desprenderse de cualquier cantidad ha de ser doloroso, mas no para aquellos que dan con gratitud y generosidad, sabiendo que llevan un mensaje de alivio al prójimo como el samaritano que ayudó a aquel hombre herido en el camino y no pensó que estaba gastando en un desconocido, sino que lo invirtió en su propio gozo. Eso es amor, porque es benigno, no tiene envidia ni se jacta, todo lo espera, todo lo soporta. Estos hombres no van a disminuir su ayuda humanitaria porque sufrieron una merma en sus ingresos, por el contrario, siguen los planes de cooperación, porque saben que Dios mira el corazón, no los billetes ni los fajos. Qué bueno sería que los hombres de este mundo tuvieran un corazón conforme al de Dios, para compartir lo que tienen, no es necesario ser Bill Gates ni Warren Buffett, ni el español Amancio Ortega de la industria textilera o Carlos Slim para dar, para tener fundaciones de ayuda, pero puede ser usted mismo el que da un pan, una tortilla, un almuerzo a alguien que lo necesita, pueden ser sus padres, sus hijos, su vecino.

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