Sábado 23 DE Marzo DE 2019
Opinión

Situación de la mujer

Llegó la hora de mostrar que efectivamente la igualdad de oportunidades es un derecho irrefutable. 

— Marta Altolaguirre
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La desigualdad de trato y de oportunidades para la mujer, es un hecho que se confirma y hasta se acentúa, luego de décadas de esfuerzos persistentes por hacer desaparecer los prejuicios y el afán de control sobre las féminas. No importa cuánta capacidad muestren, ni los méritos que tengan, porque el relego a un segundo plano sigue dominando en los espacios de poder.

Como firme creyente de los beneficios de la unidad nacional y la participación conjunta de todos los ciudadanos de Guatemala, especialmente de mujeres y varones, jóvenes y mayores, en asuntos relativos a la nación, es importante promover una presencia significativa de ambos sexos en las instituciones del Estado, en donde solamente el Organismo Judicial se ha abierto un poco más a la participación femenina en los diversos cargos. (De 13 magistrados a la CSJ –38.4 por ciento– cinco son mujeres*).

Muy distinto es lo que sucede en el Organismo Legislativo en donde de las 158 curules solamente 23 (14.5 por ciento) son ocupadas por mujeres. Y no se diga lo que sucede con los gobiernos locales en los que de los 338 municipios solamente diez alcaldesas fueron electas. Es obvio que aquellas instancias que se integran por la vía de la elección han sido y son aplastantemente dominadas por varones.

Para cerrar con broche de oro, en el Ejecutivo hoy, solo la Ministra de Trabajo, Aura Leticia Teleguario, rompe con el monopolio del poder masculino en el marco de los 14 integrantes del gabinete ministerial.

Lo que es claro, es que la discriminación hacia la mujer responde a un machismo generalizado, que menosprecia las capacidades de las féminas, debido al rol tradicionalmente asignado y a las limitaciones que por diversas razones fisiológicas, le impone obligaciones particulares, especialmente relativas a la maternidad.

El daño surge a partir de la negativa de muchos padres de autorizar la educación escolar de las niñas, y la visión de un dominio masculino sobre las parejas, pone barreras al ejercicio de la libertad personal de toda mujer, que resultan inaceptables.

Y es que la razón de semejante conducta no se debe a la incapacidad o falta de entendimiento sino a la cultura de dependencia de la mujer, en parte por su debilidad física ante el varón. La mujer mayoritariamente, es más consecuente con un desempeño ético y responsable, seguramente por su cualidad materna que premia a la mujer y la concientiza más sobre el significado y el valor de cada vida humana, aunque temporalmente le imponga ciertos límites a su función laboral.

Son muchos los hombres que no creen y rechazan el menosprecio generalizado hacia la mujer, (a veces disimulado), pero un ejemplo claro es precisamente lo que sucede en el campo electoral, en donde las poderosas estructuras partidarias solo conceden algún padrinazgo a sus aliadas incondicionales que les garantizan apoyos permanentes a cambio de lo cual, les facilitan con ello el acceso al Congreso o al Ejecutivo en beneficio de sus propios intereses.

Ciertamente, algo ha mejorado en el curso de este siglo con la integración de esos órganos, y por supuesto, se encuentran algunas excepciones en mujeres que por mérito propio alcanzan posiciones de poder. Pero, la mayoría ha alcanzado su elección por sus alianzas con los cuadros dominantes del Congreso de la República, cuyo poder se extiende a otros organismos.

Así vemos cómo sus amplias atribuciones, les ha permitido determinar elecciones de magistrados a la CSJ y CC, a cambio de compromisos que luego alinean a los magistrados a inclinarse en favor de los intereses de sus electores.

Modificar la correlación entre los sexos, va a provocar un salto positivo para un Estado que con tanta urgencia lo requiere.

*Datos tomados de Revista Crónica, 4/3/16. Rostro de Mujer.

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