Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Para luego es tarde

El desarrollo de un país no puede plantearse al margen de la equidad.

— Anabella Giracca
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Se reconoce por “estereotipos” a las generalizaciones, percepciones esquemáticas y rígidas que dan supuestas características o rasgos de personalidad a los miembros de ciertos grupos. Justifican discriminación a todo pulmón. Consienten inferiorización de ese “otro actor”, con naturalidad. Peor aún, en su más cruel expresión, fomentan invisibilización, violación, trata, explotación, esclavitud, violencia.

Caer en la tentación de este flagelo, que resulta en la incapacidad de resolver valoraciones por la vía del pensamiento crítico, es un riesgo que lacera a ciertos grupos y los encierra en calificaciones absolutistas y sin defensa. El caso de “la mujer”, “el indígena” son ejemplos vivos de ello.

Nuestra mayor labor está justamente en derrumbar apreciaciones estereotipadas y construir ciudadanía con base en la participación equitativa, franca e igual. Regirnos por motivaciones que tengan el singular sentido de desterrar la discriminación y el racismo como compromiso de un proyecto político progresista.

Tristemente, dentro de un mundo estereotipado, las asimetrías son vistas como naturales. Poco sorprenden. Han generado un esquema mental que pone a las mujeres e indígenas en el remolino de las agresiones, por parte de quienes se consideran los entronados, ungidos, dueños.

El Estado guatemalteco ha sido construido alrededor de grupos élite que acaparan exclusividad en el ejercicio de mando. ¡Nada nuevo! Dentro de este escenario, la relación con quienes son considerados subordinados, es paternalista, clientelar y dosifica el poder, siempre y cuando convenga a los intereses de los grupos dominantes.

Nunca es tarde para edificar una identidad incluyente que demande equidad, y que desde su voz e imágenes teja la posibilidad de apreciar la diversidad como un auténtico valor social, político y cultural. La participación paritaria de las mujeres en la política, es prueba superada en la mayoría de países que tienen como meta la prosperidad. Y acá, seguimos en la severa actitud de obstaculizar leyes, proyectos, políticas que apliquen acciones compensatorias. ¿Temor? La paridad no es un favor; no es caridad; no es permitir mujeres en un mundo masculino. O indígenas en un mundo ladino. No se trata de “incluir”, se trata de no obstaculizar. Es equilibrio, es compensación. Es justicia.

PD: La paridad y la alternabilidad están en la etapa final de negociación en el Congreso de la República. Se exhorta a la reflexión. ¡Para luego es tarde!

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