Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Miscelánea

Nada personal contra Todd Robinson.

— Jorge palmieri
Más noticias que te pueden interesar

Hace pocos días me referí a los comentarios públicos impertinentes que ha hecho el embajador de los Estados Unidos de América, Todd Robinson, sobre lo que ocurre en Guatemala, y hoy quiero ampliar un poco el tema. Debo comenzar por decir que no quiero caer en la tentación de imitar al ilustre doctor Armando de la Torre, quien recientemente dirigió una carta pública a ese embajador calificándole de “persona non grata”, lo cual prácticamente significa en diplomacia que debe marcharse del país tan pronto le sea posible. Pero estoy seguro que Robinson no lo va a hacer.

Asimismo, quiero aclarar que no tengo nada personal contra el susodicho diplomático, ni contra el Gobierno que representa -–¡Dios me libre!– ni, mucho menos, contra los estadounidenses. Ni tampoco estoy de acuerdo con que se le falte al respeto llamándole “cristo negro de la Reforma”, o cosa parecida, como le ha llamado el irreverente Mario Taracena Díaz-Sol, presidente de la Junta Directiva del Congreso Legislativo, que con el pretendido propósito de proteger a quienes usamos tarjetas de crédito, en realidad nos ha perjudicado y ha hecho que la inmensa mayoría de las tarjetas de crédito que existían hayan sido canceladas.

Lo que pasa es que, aunque nos duela, el embajador del Imperio tiene que hacer el papel de “procónsul” en un país como el nuestro, para mantener el control de muchas cosas, en vista de que los países del llamado “Triángulo Norte de Centroamérica” (Guatemala, Honduras y El Salvador) han tenido que aceptar que los Estados Unidos haya trasladado su frontera sur a Tapachula y demás puntos de la línea divisoria entre Guatemala y México.

Al extremo que de un tiempo a estas fechas es tan difícil obtener visa para entrar a México, porque nuestra frontera se ha convertido en una especie de filtro. Pero el departamento de Migración estadounidense tiene que controlar a las personas que ingresan a México porque temen que después vayan a ingresar indocumentadas al sacrosanto territorio de los Estados Unidos.

Además, está comprobado que el Triángulo Norte Centroamericano, que encabeza Guatemala, es la puerta de entrada de la ruta del narcotráfico y de indocumentados y de la violencia, y tiene que velar porque eso no sea tan fácil. Ayer publicó Siglo XXI un excelente reportaje en sus páginas 2 y 3 sobre este tema, con el título Guatemala es clave en la ruta del narcotráfico, en el que concluyen que “las porosas fronteras” con Honduras y muchas áreas del país están bajo la influencia directa de grupos narcotraficantes, son los culpables del 40 por ciento de la violencia”. Y que “Honduras es la región es una zona privilegiada de aterrizaje” del narcotráfico por vía marítima y vuelos comerciales. ¿Cómo lo ven desde ahí?

Pero, por otra parte nos rasgamos las vestiduras cuando pensamos que se está violando nuestra soberanía al comentar nuestros asuntos, porque olvidamos que Guatemala ha firmado Tratados de Libre Comercio (TLC) lo cual nos obliga a cumplir con los requisitos que se nos imponen para gozar de la exportación de nuestros productos a Estados Unidos sin pago de impuestos. Y si los productores, los exportadores y los trabajadores lo quieren seguir gozando, más vale que cumplamos con las exigencias que nos imponen para poder continuar vendiendo a Estados Unidos y a la Unión Europea productos guatemaltecos libres de impuestos. A menos que ni unos ni otros estén dispuestos a continuar gozando de esos beneficios. Pero no creo que lo estén.

Por eso me parece inadmisible que se demande al ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Raúl Morales, por no haber actuado drásticamente contra los comentarios del embajador Robinson, porque se debe comprender que el Canciller no puede estar declarando “personas non gratas” a los embajadores de los países con los que Guatemala tiene compromisos que favorecen al comercio… a menos de que en aras de la soberanía se vaya a privar de esos beneficios a los productores, exportadores y trabajadores.

Porque aunque no se haya dicho en ese momento, esa es una de las consecuencias de la globalización y de los diferentes tratados multilaterales, por medio de los cuales se autoriza a los tiburones comerse a las sardinas, como es el título del libro que publicó el ilustre expresidente Juan José Arévalo (de grata recordación) en ocasión de la intervención de la CIA en complicidad con los gobiernos dictatoriales de Nicaragua, Honduras y El Salvador y el patrocinio de la United Fruit Co. para derrocar al gobierno democrático y progresista del coronel Jacobo Árbenz Guzmán. ¿Me entiendes Méndez? ¿Me explico Federico? ¿Capice?

 Twitter: @jorgepalmieri

Etiquetas: