Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Solución a la problemática del país (Parte II)

La dignidad del cargo no está en el cargo, sino en la persona  como tal.

— Monseñor Víctor Hugo Martínez
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Continuación sobre la crisis de la problemática de Guatemala: para la mejor comprensión sobre las causas que provocan la crisis y los medios con los cuales se puede llevar a cabo una sanación. Pero sobre todo, desde las causas que no es más que una radiografía, el diagnóstico y la medicina adecuada, sobre todo tratándose que la enfermedad en el ser humano, no solo es física, sino también psíquica y al afectar el alma solo se puede aplicar en una trascendencia la medicina conveniente. Por ejemplo, hablemos sobre el derecho de la defensa tanto individual, social, económico, político, religioso que están dentro de la misma óptica: derecho individual y social (colectivo).

La defensa, como ética católica es reconocida como lícita la resistencia en los aspectos dichos, como defensa activa contra un agresor injusto que se puede llevar hasta el límite –si fuera necesario hasta la muerte de un agresor–. Es una convicción universal de todos los pueblos y que no objeta = contra el derecho natural de la Ley revelada-cristiana.

Pero antes que nada, es necesario precisar con mucho cuidado esta tesis:

El sujeto de este derecho es toda persona que está siendo agredida o a punto de una agresión injusta y de otras personas que por generosidad y por deber de justicia (deber de caridad) se protege a los débiles o a los oprimidos. El agresor es injusto aun de aquel que agrede a otro y es lícita la defensa, y todos los que quieren luchar contra el culpable (el que es reo, tiene el derecho de ser castigado solo por la legítima autoridad).

La intención defensiva no debe ser por odio al agresor, pues se debe excluir en la intención el devolver una venganza, después del hecho como lo aconseja Santo Tomás (2,2 ae.q. 64 a 7) y excluir por supuesto de matar a otro, es solo la defensa que se debe considerar solamente como “permitiva”.

Es una noble intención que se frene todo exceso y que es sobrentendida en una situación tan inestable en la apreciación y que toma mucho más consistencia, en afirmar que la exigencia solo sea una defensa a la grave agresión ante bienes de valor –Ejemplo la vida, la dignidad humana–, pues como creaturas no somos dueños del valor ante el peligro y la seguridad pública dentro de un suceso de lo que se comprueba que dicho suceso es agresivo, es necesario guardar el equilibrio de tutelar el suceso.

La reacción defensiva será moral, dentro de los límites que se necesitan para deshacer la agresión: si se puede huir, no es lícito resistir; si solo es suficiente la amenaza, no es lícito golpear; si solo es para herir no es lícito matar. Todo exceso en la defensa es malo.

La importancia de la defensa de bienes amenazados, se deberá emplear la misma proporción: los bienes amenazados que tienen gran valor: como la defensa de la vida, la integridad personal y la libertad en general, y sexual en particular, justifica una reacción mucho más arriesgada que defender bienes de “importancia secundaria”.

La defensa de bienes materiales, que son de gran importancia “o valor”, si la importancia es vital incluyendo el riesgo de quitar la vida al agresor. Pero en especial, para estos bienes, la moralidad de las medidas defensivas depende no solo del estado económico de cada uno, sino también de la eficacia de la defensa pública. Así, cuando existe esperanza fundada de recuperar por una vía legal o si se tratara de agresiones esporádicas se hace lícito o al menos problemático defenderlos de este modo; pero cuando la debilidad de los poderes públicos es causa de propagación al bandidaje es cuando la intervención de cada ciudadano es necesariamente mas expeditiva, podría ser justamente más frecuente e incisiva. Aquí cambian sensiblemente las circunstancias jurídicas, la realidad prevalece en la defensa del propio derecho y defender el derecho de todos.

Hagámonos una pregunta: ¿quién es un agresor injusto, contra quien es lícito proceder con la defensa? Es todo aquel que atenta sin ningún derecho, los bienes ya mencionados, y que se ponen en estado de necesidad. No es agresor potencial si su gesto puede esquivarse con una modalidad humana. Si la modalidad humana como ejemplo son los funcionarios de la seguridad pública, cuando proceden a la detención o el arresto de un sospechoso o de un reo, que es conforme a la ley del país que goza de libertad y es conforme a las órdenes recibidas. Pero si es un agresor injusto, incluso que es solo un agresor material, como un loco o un borracho el derecho de defensa no depende de la culpa subjetiva –alcohólico del agresor– sino de un hecho objetivo, o sea una injusta agresión al derecho que se le causa a otra persona.

Esta argumentación, no se puede deducir de la sagrada escritura, solo se reconoce la legitimidad de la ley mosaica y su semejante procedimiento (Exd. 22,2). Tampoco se puede apelar al principio de doble efecto como comúnmente se tiene en estos últimos siglos, que para salvar los bienes amenazados, solo se consigue con medios de mutilaciones o la muerte del agresor, mientras no se mate.

Los motivos de la Ley no escrita, sino de donde nace la Ley es necesario explicitarlos:

1º. Que de nuestra razón brota continuamente contra cualquier intento de colocar a un inocente en el mismo plan que al culpable; todavía más, intenta ponerlo en una posición desfavorable en relación al mismo inocente; la razón si se ha de elegir, coloca al inocente en una posición privilegiada y al injusto-agresor entre dos vidas: la integridad espiritual y la integridad material de los dos, o sea, entre los bienes del uno y del otro y deberá optar por el inocente.

Es claro que las relaciones declaradas lícitas por el derecho a la propia defensa, son tales, solo en cuanto se cumplen en un estado de necesidad y no serían así si se toman fuera de la vigencia del momento, pero en el contexto siguen constituyendo la solución más justa. Se comprende el malestar que todo hombre sensible experimenta ante la expeditidad de esta justicia. Por ello es obligatorio obrar, para que no se multipliquen esas situaciones.

2º. Complementa al primero: en cuanto que se refiere a la defensa de bienes materiales de carácter social. ¿La seguridad social es un elemento fundamental del bien común, cuando con mala intención saben que pueden contar con la suficiente pasividad ante los que agreden? Pareciera, que el poder público-autoridad, no puede garantizar con suficiencia la verdadera justicia.

El bienestar social que es derecho de un pueblo y su seguridad deberán ser proporcionados con la autoridad de los responsables y la cooperación y solidaridad de todos los ciudadanos.

Cada ciudadano de modo ordinario, debe cooperar en el cuidado ordenado de sus propios intereses, cumpliendo sus propios deberes y defender sus propios derechos.

La sociedad o el pueblo, que anhela o quiere establecer altamente el desarrollo democrático y social del país confían en la seguridad de los responsables, y que dicha seguridad está primariamente en ellos y en segundo lugar, en el empeño de todos los ciudadanos que deberán ser guardianes del orden.

La dignidad humana de la persona

Todas las sociedades la expresan, como un valor de la dignidad intrínseca (subjetiva de toda persona). El ser humano, es considerado como individuo en su interioridad con derecho propio y como persona, en uno es subjetivo a la dignidad en sí mismo y en segundo en sus relaciones con todos los miembros de la sociedad.

La raíz de la palabra dignidad proviene de la frase latina dignitas, que equivale a la calidad de ser digno y de allí sigue otra palabra latina “decet” o sea, lo justo, lo honesto y de ella se derivan los sustantivos que es Lat. de cor y decus: decoro, excelencia y dignidad, que en virtud se convierte en una belleza y decoro de toda persona humana.

Lo negativo es una gravedad al decoro de las personas, que se expresa en la manera de comportarse, esta es la definición de la dignidad (ex. DRAE).

La dignidad está unida a la manera de un comportamiento, la actuación del ser humano, o sea, la acción de la dignidad: el comportamiento deberá ser decoroso de cada persona y con esta luz, se puede entender el segundo significado, que mira directamente a la acción con el comportamiento decoroso de las personas y así se puede entender el segundo significado de dignidad, que es entendida como un cargo (Telon en el idioma arameo), o sea, el cargo que se convierte en un título honorífico que deberá llevarlo durante toda su vida, dado como persona que es.

La dignidad del cargo no está en el cargo, sino en la persona como tal, que desempeña un cargo, porque la persona se convierte en un protovalor = el máximo valor (Scheler); la persona es el primer valor fundamental, que goza de una dignidad intrínseca porque carga con el valor de ser persona. Esta es la bella y justa distinción que establece Kant, entre lo que es dignidad y el precio. El lugar de lo que tiene precio, puede ponerse en alguna cosa equivalente; lo que por el contrario, se eleva sobre el precio no permite ningún equivalente, esta es la dignidad.

Los griegos y romanos tuvieron un atisbo sobre la igualdad entre todos los seres humanos, como expresa el filósofo, Celantes en su “himno a Zeus”, como somos los únicos que recibimos la imagen de la “razón divina”.

La cultura judeo-cristiana es la que ha puesto los cimientos del ente del ser universal –ético, que tiene valor en sí con dignidad propia irrenunciable a la que llamamos persona. Dios creó al hombre a imagen y semejanza suya (Gn. 3, 28; Col. 3, 11) esta es la gran revelación personalista.

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