Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Violencia insoportable

— EDITORIAL
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La violencia sigue cobrando víctimas en nuestro país. Todos los días se reportan muertes violentas e incontables lesionados como resultado de los incontrolables hechos de sangre que ocurren en todo el territorio nacional y que mantienen a la población en constante zozobra.

La saña con que se está matando en Guatemala ya ha excedido los límites de nuestra imaginación. Los cadáveres aparecen descuartizados, descabezados, quemados, acuchillados o lacerados brutalmente. Nuestro pan de cada día son las iniciaciones macabras de pandillas armadas, los enfrentamientos entre capos y maras, las extorsiones y los linchamientos.

También abundan los asesinatos de familias enteras que caracterizan las venganzas y silenciamientos del hampa y de la mafia, así como los crueles asesinatos de progenitores delante de sus menores hijos y, en fin, las víctimas inocentes de las balaceras.

Por otro lado, los hospitales y centros de salud están desbordados

por la cantidad de heridos y lesionados que son trasladados a los mismos, como consecuencia de la violencia generalizada, que ha rebasado totalmente a las fuerzas de seguridad y que mantiene perplejo a un gobierno que más parece un desgobierno preso de la anarquía y el desorden.

No quisiéramos pensar que la única forma de dirimir los conflictos y las disputas en Guatemala será a través de la vía violenta y de la justicia por propia mano, porque esto inexorablemente nos llevaría a un salvajismo cavernario sin límites, en dos platos a la barbarie, que vendría a suplantar al régimen de legalidad y que nos condenaría a la ley del más fuerte o del sálvese quien pueda.

En nuestra opinión, todas las disputas deben dirimirse en los tribunales de justicia y no en las calles. Debe tenerse presente que cuando se ha optado, como fórmula única, por hacer justicia por propia mano, nuestra sociedad invariablemente ha evolucionado hacia el caos, la anarquía y la total inseguridad personal. Luego, la violencia ha terminado siendo exponencial.

 La única vía hacia la paz y la estabilidad efectivas es a través del imperio de la ley. El Estado no debe escatimar ningún esfuerzo en lograr que la ley se observe, se cumpla y, en su caso, se aplique en nuestro país. El Estado debe monopolizar la fuerza e impedir, a toda costa, que esta esté en manos de los particulares. Lástima que los politiqueros que nos gobiernan sigan anteponiendo sus intereses particulares al interés general.

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