Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Sistemas de paridad y distritos electorales

Bajo el modelo de distritos, la paridad de postulación no es igual a paridad de representación.

— Phillip Chicola
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La teoría de sistemas electorales y procesos parlamentarios indica que existe una correlación entre el tamaño de los distritos y la representatividad. Entre más grandes los distritos, más representativos y proporcionales. Mientras que en los distritos más pequeños, el efecto es contrario: solo los partidos mayoritarios tienen opción real de alcanzar una curul.

Pasando de lo teórico a lo concreto. En el sistema guatemalteco, coexisten distritos grandes y pequeños. Mientras Alta Verapaz, Huehuetenango, el Distrito Central y Guatemala eligen a nueve o más diputados; Izabal, Jalapa, Baja Verapaz o El Progreso eligen a tres o menos diputados. Esa diferencia en magnitud tiene un efecto en representación política.

En el caso del Distrito Guatemala –que elige 19 diputados– se ve el efecto de proporcionalidad. En las elecciones 2015, esas 19 curules se repartieron de la siguiente forma: cuatro para FCN-Nación, dos escaños para Todos, Lider, Encuentro por Guatemala, UNE y Viva, y una curul Creo-Unionista, Patriota, Convergencia, PAN y Fuerza, respectivamente. Es decir, 11 partidos alcanzaron representación. En cambio, en un distrito pequeño como Izabal –que elige tres diputados– sus curules se la repartieron entre UNE, Lider y Todos.

El ejemplo anterior arroja una variable clave: en los distritos grandes, los partidos grandes tienen oportunidad de elegir a más de un diputado; mientras que en los pequeños, salvo un partido obtenga una mayoría aplastante, lo común es que solo logre colocar a un diputado.

Esto evidencia la problemática del modelo de paridad propuesto en la reforma electoral, según la cual las planillas deben alternar candidatos por género y etnia. Al superponer el sistema de paridad al actual diseño de distritos, se genera una asimetría. En los distritos pequeños de cuatro o menos curules, el efecto de la paridad será nulo, puesto que solo los primeros candidatos de las listas tienen posibilidad de obtener una curul. En cambio, en los grandes, será más factible que los partidos coloquen a más de dos diputados, lo que aumenta la efectividad de la paridad.

Si partimos de la premisa que los partidos continuarán postulando al “cacique” en el primer lugar de los listados, la paridad por género y etnia solo será efectiva cuando los partidos obtengan dos o más curules por lista, y eso tiende a ocurrir únicamente en los distritos grandes.

Bajo esta premisa, si tomamos los resultados electorales del 2015, y asumimos que los listados son encabezados por caciques (hombre-ladino), y que a partir del segundo puesto en la lista se incorporan candidatos por criterio de género y etnia, el resultado no resulta tan balanceado. Treinta y siete mujeres y 41 indígenas alcanzarían curul, por lo que no habría un resultado equitativo.

De tal manera, el sistema de postulación de candidatos bajo criterios de paridad no necesariamente genera un Congreso equitativo, debido a la asimetría en el tamaño de los distritos. Por ello, para promover la representatividad efectiva de mujeres, indígenas y jóvenes hay que buscar otros modelos de diseño institucional. Los listados semiabiertos o el rediseño de distritos son alternativas más efectivas para dicho fin. Por tal razón, es de suma importancia analizar con mayor profundidad la integralidad de la propuesta de reforma electoral.

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