Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Ante el fracaso de las elites

Un forzoso relevo para salir del sótano.

— Édgar Gutiérrez
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Creo haberlo escrito hace cinco años: Centroamérica ya no es el lugar donde, como dijo Ronald Reagan en la década de 1980, se libran las batallas del “mundo libre”. Es, en realidad, un sótano del mundo donde se libran las batallas del “Estado fallido”. En teoría la paz volvió, se desarmaron las guerrillas y a veces sus integrantes formaron parte de los gobiernos. Los escuadrones de la muerte, más o menos, se jubilaron y se incorporaron al mundo de los negocios y/o de las mafias que son parte de los carteles del crimen organizado transnacional.

No obstante, la zona no se ha librado de sus taras históricas que alguna vez desembocaron en guerras civiles: pobreza galopante, desigualdad económica abismal, exclusiones sociales y discriminaciones étnicas. La transformación del escenario político ocurrió con fuerte tutela del poder militar sobre los gobiernos civiles que, al cabo, fue relevada por las oligarquías locales. El sistema de seguridad y justicia quedó secuestrado para garantizar la impunidad de los crímenes de guerra y de las operaciones comerciales fraudulentas. Justamente son las áreas que han entrado en crisis en el último año con el rol desequilibrante del MP y la CICIG y la sinergia de la sociedad desde las plazas y las redes sociales.

Aunque es en el campo de la impunidad donde se libra hoy la decisiva batalla táctica por sacar del sótano a estos Estados, la batalla estratégica descansa en la recuperación de políticas públicas de bienestar y un modelo económico de acumulación ligeramente más horizontal y por tanto incluyente, que multiplique los activos productivos y de servicios en millones de manos.

El sistema económico restringió la capacidad del aparato productivo de absorber la dinámica fuerza de trabajo: apenas dos de cada diez que se incorporan cada año al mercado laboral formal. De ahí el crecimiento inusitado de la desigualdad social y la pobreza, la rápida expansión de la economía subterránea (que da ocupación a más del 70 por ciento de la fuerza de trabajo en la región) y de los masivos flujos de emigración centroamericana hacia los Estados Unidos.

La gente ya no abandona sus casas por la guerra sino por el hambre. Y si no fuese por las remesas que envían puntualmente los migrantes más del 25 por ciento de la gente en Centroamérica estaría en condiciones de pobreza extrema. De hecho las remesas mantienen también la estabilidad financiera de estos países, pues representan en conjunto el 11 por ciento de la producción regional, el 60 por ciento de las exportaciones totales y cierran la peligrosa brecha de la balanza externa. Pero ese es un modelo insostenible a muy corto plazo. Por eso lo que se avecina es el trabajoso cambio del sistema y la reconstitución de los Estados, junto al forzoso relevo de elites políticas, económicas y sociales. No hay alternativa a la salida de la subregión del sótano.

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