Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Más allá de la animalidad

No son necesarios los edificios elegantes ni la tecnología.

 

— Méndez Vides
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El problema nacional de los gobernantes ineficientes es que no hacen bien las cosas porque no pueden, y se excusan en que “no hay dinero”. Creen que para sacar a Guatemala del atraso debería caer del cielo el montón de billetes, y de suceder, nuestros políticos se la ingeniarían para repartírselo. Los “listos”, por su lado, a quienes no les importa la nación ni el beneficio colectivo, son habilísimos para concertar negocios, como el claro ejemplo de la Empresa Familiar Baldetti y Compañía Limitada dedicada al ramo del agua bendita o mágica para limpiar lagos convertidos en cloacas. Para robar se les ocurre cosas increíbles. ¿Qué sucedería si aplicaran tanto talento positivamente? Quizá hasta seríamos ya como Austria o Noruega, casi sin cárceles, explotando en paz la maravilla de nuestro paisaje, del clima delicioso, de los lagos y volcanes haciendo erupción. Pero vamos al revés, de una Guatemala rural, idílica y tranquila, estamos pasando a ser un barrio marginal con lucha de sectas a orillas del Ganges, e invertimos cuantiosos recursos en cárceles que brindan el doctorado en negocios espurios a los ciudadanos más inquietos.

Lo que urge para salir del agujero es liderazgo en educación. Tener el norte claro y quien gire el timón. Para educar al pueblo no se necesita edificios elegantes ni tecnología. Los proyectores, computadoras, Internet y demás recursos valiosos son deseables, pero de nada sirven si no hay quien enseñe. Lo que urge es maestros que sepan y sean capaces de inspirar y sacar adelante a la juventud, aunque se acomode a los niños sobre un block, bajo una lámina pelada y traguen atol con pan duro. Los animales se adaptan, pero el hombre con conocimientos transforma la realidad y mueve montañas.

Los alumnos respetan y dignifican al maestro que los ilumina, y vomitan a quienes pierden el tiempo aburridos, dedicados a enseñar el uso en equipo de las cartulinas (material didáctico que debería de prohibirse por el abuso). Basta ya de la meta de los sellitos burocráticos, diplomas, grados y constancias, lo que hay que despertar es conocimiento. Sembremos educación, cultivemos ciencia y letras, potenciemos a los jóvenes para que descubran el mundo más allá de la animalidad. La habilidad para comprar y vender se manifiesta solita por necesidad o ambición de comodidades, pero los símbolos abstractos únicamente se aprenden en la escuela. Lo que necesitamos es una cruzada por la educación, para que los niños abran los ojos, y entonces, lo demás se dará por añadidura.

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