Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

No por mucho madrugar… (II parte)

Es este un buen momento para pensar –repensar– y hacer –muy bien pensadas– las reformas electorales, difíciles las dedicatorias y los sesgos –esto es lo bueno– a tres años y siete meses de elecciones.

— Acisclo Valladares Molina
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Es sumamente importante comprender –no lo comprendieron “los reformistas del año pasado”– repletos posiblemente de buena voluntad pero, a la vez, de grave ignorancia –que muchos de los temas electorales no pueden corregirse con una reforma de la Ley Electoral y de Partidos Políticos sino que se hace preciso la reforma de la Constitución Política de la República, tales los casos de la reelección de los diputados y alcaldes –permitida sin límites por la Constitución Política de la República y la del tamaño de los distritos electorales, definidos como lo están –no por la Ley Electoral y de Partidos Políticos– sino por la Constitución Política de la República.

También tendría que ser objeto de reforma constitucional (Reforma de la propia Constitución) cualquier variación que quisiera hacerse de la elección de diputados por listado nacional (incluso la posible supresión de la misma) tema que debería discutirse ampliamente y a profundidad puesto que el sistema de distritos pequeños –sistema en el que se gana o se pierde sin ninguna representación de minorías– puede llevar a una representación parlamentaria que no guarde relación con la votación nacional obtenida por los diferentes grupos políticos –sumados sus resultados a nivel nacional– situación que puede aliviar el citado listado con su representación de minorías: si una agrupación política obtiene a nivel nacional, por ejemplo, el 30 por ciento de los votos, tiene derecho al 30 por ciento de los diputados que se eligen por el mismo (nueve diputados, si de 30).

En el sistema de distritos pequeños –sistema en el que se gana o se pierde– puede llegarse a una situación –extremo el absurdo para su mejor comprensión– de que un grupo obtenga el segundo lugar en todos los distritos y que, en consecuencia, no gane ni un solo diputado y, así, sumados sus votos nacionales, podría tener el 40 por ciento o más –45, 49– de la votación nacional pero, segundo como habría sido en todos los distritos, no tener –reitero– ni un solo diputado.

Esa minoría pero inmenso porcentaje de votantes –casi la mitad– quedaría, en el ejemplo, sin representación parlamentaria alguna.

El sistema de distritos pequeños –elección de tipo uninominal– tampoco funciona para quienes hacen política diletante, sin arremangarse las mangas de la camisa y sin mojarse los zapatos, pudiendo caer cada uno de los distritos en manos de caciques de distrito –como los hay municipales– que sí tengan los arrestos para hacerlo. ¿Remedio que puede resultar acaso, entonces, peor que la enfermedad?

Debemos acostumbrarnos a manejar nuestras inquietudes dentro del ámbito de la ley y comprender que, dentro de su ámbito, todo es posible pero que, para satisfacerlas, se deben seguir todos y cada uno de sus pasos.

¿Quiere usted un Congreso distinto? ¿Un Congreso que se integre a su gusto? ¿Un Congreso que haga las reformas que usted quiere? Pues preocúpese desde hoy por las próximas elecciones generales que tendrán lugar en el año 2019 y, en unión de personas que piensen como usted, teniendo los mismos fines, organícese, compita y hágase de la mayoría necesaria en el Congreso.

¿Qué? ¿Muy difícil? ¿Que muy largo, el camino? Pues me temo que –salvo un golpe de Estado– golpe en el que todo podría pasar –salto como lo son los golpes al vacío– y que –lo más probable– sería para peor –muchísimo peor– continuaremos con el sistema que tenemos ya que toda reforma depende del Congreso de la República y quien quiera realizarlas tiene que gozar de la mayoría parlamentaria para hacerlas.

¿Se quieren reformas?

 Sin contar con el Congreso de la República, no son posibles tal y como tampoco es posible –sin contar con él– la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente.

Hoy por hoy, también es bueno recordarlo, si se convocara a una Asamblea Nacional Constituyente solamente podrían postular candidatos los partidos políticos y el sistema electoral que habría de regir la elección de los diputados que vinieran a integrarla sería exactamente el mismo que rige para elegir a los diputados que integran el Congreso. ¿Podría haber, entonces, alguna diferencia?

¿Complejo? Claro que complejo, pero posible. Posible sí –y concluyo: posible con muchísimo esfuerzo y siguiendo todos y cada uno de los pasos establecidos por la ley.

No se trata de salir de las llamas, para caer en las brasas y por eso debo reiterar la sentencia popular citada al final de la primera parte de este artículo: Despacio, que tengo prisa.

Debemos pensar, repensar, trazarnos rutas –todas siguiendo esos pasos– y, así, bien sabidos y orientados, emprender el camino.

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