Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

De cara al sol

Dio declaraciones a los fiscales viéndolos a los ojos, con el rostro cubierto solamente por lágrimas y por toda la dignidad del mundo.              

— Ricardo Méndez-Ruiz
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Es una mujer bajita doña Telma Marcos; tal vez su estatura sea menor a la del promedio de los ixiles, la etnia a la que pertenece. Su formación académica no fue más allá de unos pocos años de primaria, pero posee una inteligencia aguda y un sentido común y carácter enormes, que le permitieron construirse una vida digna en medio de las adversidades del desamparo que acompaña a la orfandad. Su padre y su hermano de diez años fueron asesinados por el EGP en Nebaj en 1982. Ella, siendo una pequeña niña, fue violada y golpeada de manera salvaje, pero los benevolentes revolucionarios le perdonaron la vida.

La acompañé hace tres años a denunciar a los asesinos de su familia en los tribunales; la recuerdo ataviada con el hermoso traje que visten las mujeres de su pueblo. Dio declaraciones a los fiscales viéndolos a los ojos, con el rostro cubierto solamente por lágrimas y por toda la dignidad del mundo. Dijo lo que quiso, lo que le salió del alma, como lo hace cuando algún periodista se interesa por su historia, que yace arrumbada en alguna gaveta de la Fiscalía de Derechos Humanos, esa que pertenece a un fiscal corrupto de nombre Orlando López.

Cada vez que veo en las audiencias de Sepur Zarco a 14 mujeres con el rostro cubierto, recuerdo de forma inevitable a doña Telma. Mujeres encapuchadas disfrazadas de víctimas, que están presentes en la sala de audiencias, pero que de forma sospechosa no pueden ser interrogadas por los abogados de la defensa, bajo el argumento que ya rindieron una Declaración Anticipada, figura que se utiliza solo cuando el testigo corre el riesgo de no poder declarar en el juicio porque, por ejemplo, lo aqueja una grave enfermedad que no le permitirá sobrevivir hasta que inicie el debate oral y público.

Pero allí están, día tras día en lo que ya se conoce como el Sepur Zirco; un proceso presidido por una jueza que es enemiga pública del abogado defensor; peritos de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala que cargaron con huesos en un costal, sin respetar la sagrada cadena de custodia; testigos que afirman haber leído documentos en el destacamento militar, a pesar de no saber leer; mujeres que dieron a luz dos veces en un periodo de cuatro meses, sociólogos que afirman haber interrogado a mujeres cuando estas ya estaban muertas, expertos como Laura Hurtado Paz y Paz e Irma Alicia Velásquez Nimatuj, que pertenecieron a grupos terroristas, y una jueza que de nuevo no es capaz de aparentar imparcialidad y cuya actuación, sin duda alguna, se traerá al suelo en otra instancia una sentencia condenatoria que fue redactada en la embajada de los Estados Unidos.

Y atrás de todo, danzan alegres Q33 millones, que es lo que piden en concepto de resarcimiento los y las vivas vividoras de “Mujeres Cambiando el Mundo”. Y es que la millonaria campaña –principalmente en la radio– en torno al Sepur Zirco, es parte de una inversión que tendría como botín nuestros impuestos.

¿Qué piensa doña Telma Marcos al ver a esas 14 encapuchadas? No lo sé, pero siempre me ha expresado su deseo de contarle su caso a un juez y al mundo, con la cara descubierta, como lo hace la gente que dice la verdad.

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