Jueves 18 DE Abril DE 2019
Opinión

Fernando Cardenal, maestro de humanismo y humildad

Con él se va una de las figuras de la “Teología de la Liberación” más solventes.

 

— Marcela Gereda

Fernando Cardenal, jesuita educador y teólogo de la liberación nicaragüense; ministro de Educación durante el gobierno sandinista, es a quien Nicaragua debe gran parte de su alfabetización. Este hermano del escritor Ernesto Cardenal, es también un maestro al que Guatemala debe la formación, en humanidad, espiritualidad y béisbol de cientos de jóvenes.

El escritor Sergio Ramírez, vicepresidente nicaragüense en los años ochenta, recordó que Cardenal fue “todo un símbolo de entrega y humanidad”. “Queda –señaló Ramírez– su ejemplo: la Cruzada de Alfabetización”. Cardenal, dirigió la Campaña Nacional de Alfabetización impulsada por el gobierno sandinista en los años ochenta y como ministro de Educación del gobierno revolucionario impulsó profundas reformas en un país que como el nuestro, poseía una de las  tasas de analfabetismo más altas de la región logrando una mejora sustancial en la educación de Nicaragua.

Esta Cruzada de Alfabetización dirigida por Fernando Cardenal redujo el índice de analfabetismo de Nicaragua de  un 50 por ciento a un 13 por ciento. Dicha tarea, que involucró unos cien mil voluntarios, obtuvo el reconocimiento de la UNESCO en 1981.

En una entrevista otorgada a la Universidad de Georgetown, Cardenal explicó que cuando le encomendaron la tarea de organizar la cruzada educativa, sintió satisfacción y miedo. “Nunca antes había organizado nada y esta era una gran tarea. Me dieron la orden pero no me dieron el dinero (para crear la campaña). No había dinero, apenas habían pasado diez días desde la victoria (de la Revolución). Esto fue muy difícil de hacer, así que sentí alegría y miedo”, dijo.

Según el diario El País, Cardenal fue una de las voces más progresistas dentro del catolicismo en Nicaragua ya que buscaba que la Iglesia se rehiciera y discutiera temas tabúes.

Fue en la década de los años sesenta del siglo pasado cuando  Cardenal -contemporáneo del papa Francisco- ejerció como catedrático en el Liceo Javier de Guatemala en donde impulsó entre sus alumnos y como sacerdote jesuita, el ideario de San Ignacio de Loyola: “antes que todo, amar y  servir a los demás”

Como heredero de la cultura beisbolera nicaragüense , animó y capacitó  a la selección de peloteros del Javier que por aquellos  años alcanzaron el título de  Campeones  Interescolares del país. Sus alumnos de aquellos días, lo recuerdan como una persona que les imprimió un sello para el resto de la vida.

Pizote Cardenal –como le apodaron en este colegio– fue un verdadero misionero y aprendiz de la humanidad. No supo sino construir puentes entre amplios conglomerados de jóvenes. Tender pasadizos entre mundos que parecen desconectados, para hacer un mundo más digno, más habitable. Enseñó a miles, el magnífico viaje de la escritura y la lectura.

Fue un hombre hecho de sí mismo, de la palabra que pesa, construido de convicciones y búsquedas. Sabía de la posibilidad de ser únicos y sin embargo, iguales a cualquier otro ser humano.

Sembrador de ideales, su esencia, era la humildad con el conocimiento y con la coherencia entre el hacer y el decir. Pintó paisajes del alma, alimentó en sus alumnos cartografías de la imaginación para establecer diálogo entre iguales, para meternos hondo en la aventura de la comprensión del mundo. Sabía que nadie enseña a nadie, que la gente ayuda a las personas a aprender, que el conocimiento no pertenece a las personas, sino a la humanidad.

De este gran maestro, miles de jóvenes centroamericanos aprendieron que se puede hacer un mundo menos injusto, más bello.

Cardenal falleció en Managua el pasado 20 de febrero.  Con él se va una de las figuras de la “Teología de la Liberación” más solventes por su profundo compromiso con los más pobres y marginados, la denuncia de las injusticias y la lucha por la igualdad y la democracia.

Su vida fue un regalo a estos países de miseria pues con su paso, fue esparciendo humanidad y ternura en la lucha para transformar las injusticias en estas tierras.

Los volcanes, sus lagos nicaragüenses, el frío guatemalteco de estos días, las flores y el recuerdo de sus alumnos, resplandecen mágicamente en esta escuela llamada vida, mientras evocamos a quien gastó sus días contribuyendo al aprendizaje del alma de los otros; cuando adivinamos en el mundo, a aquel sembrador de ideales, beisbolista y maestro del arte de la justicia y el amor.

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