Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Destrucción de vida y territorio

Las mujeres perdieron sus trajes al ser quemados por el ejército.

— María Aguilar
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La semana pasada en la audiencia del juicio de Sepur Zarco se presentaron dos peritajes antropológicos, culturales y de género, que evidenciaron las formas en que las violencias, esclavitud doméstica y sexual rompieron la cultura, el entorno, la dignidad y vida de las mujeres.

Parte del peritaje de la antropóloga Rita Laura Segato se centró en desenvolver el término femigenocidio, que se refiere a un tipo de violencia ejercida contra las mujeres por ser mujeres y no es resultado de relación o conocimiento previo entre víctima y perpetrador, como ocurre con el crimen de femicidio. La categoría planteada por Segato, tiene como objeto no solo convertirse en un término que pueda ser usado en el ámbito jurídico sino que ayude a explicar hechos de violencia ejercidas contra mujeres para lograr una destrucción generalizada en términos físicos, comunitarios, tejido social y ultimadamente, de la especie. Así, concluye que los crímenes ocurridos en Sepur Zarco, fue una destrucción de vida y territorio.

Mientras que Irma Velásquez Nimatuj presentó múltiples quiebres culturales, ocurridos con el arribo del ejército y durante los siguientes 6 años, los cuales extrajo de 15 historias de vida que construyó con las mujeres sobrevivientes. Lo desgarrador de los rompimientos sirvieron para demostrar al tribunal cómo la violencia arrasó no solo el entorno social y la cosmovisión q’eqchi’ sino también con el espíritu y dignidad de las mujeres. Uno de los elementos culturales –planteó Velásquez– fue el vestuario tradicional y describió cómo las mujeres perdieron sus trajes al ser quemados por el ejército, por la esclavitud que las forzó a vender los pocos que tenían o a convertirlo en harapos mientras huían en las montañas. Esto, dijo Velásquez, fue una perdida irreparable, no por lo material, sino porque en el mundo maya los trajes representan un largo relato de momentos familiares, los tejidos narran historias, responsabilidades y se heredan a las siguientes generaciones, derecho que a ellas les fue arrebatado.

Esa tarde, mientras escuchaba los testimonios, pérdidas de hijos, muerte y entereza simultánea, con mi corazón acongojado, apreté el güipil de lienzos que vestía y que diseñó mi tía abuela, el cual heredé después de su muerte.

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