Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Doctor José Fernando Velásquez Carrera (X parte y final)

Nueva Guatemala de la Asunción, *08/04/1954 – 13/01/2002†

— Eduardo Antonio Velásquez Carrera
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Antes de retornar a Guatemala, definitivamente en 1998, los editores de la famosa Librería y Editorial Porrúa, S. A. de México le hacen el ofrecimiento para que su tesis doctoral sea convertida en un libro, que es publicado en ese país (2001) y que ha sido libro de consulta para estudiantes y profesores mexicanos, desde entonces. Me atrevería a decir, que Fernando ha sido, sino el único, uno de los pocos guatemaltecos a que dicha editorial le ha publicado algo de los conocimientos generados. Ya en la Ciudad de Guatemala, la tesis doctoral convertida en libro ve varias ediciones y es utilizada como libro de texto en las distintas licenciaturas de derecho en el país y en las maestrías en esa disciplina en Guatemala.

Se dedica, como siempre a la docencia universitaria, una vez reinstalado en sus labores, después del penoso episodio protagonizado por la administración de Cipriano Soto, cuando fuera Decano. Por aquellos años, junto al doctor René Arturo Villegas Lara se empeñan en fundar los estudios de postgrado en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Redactan el pénsum de estudios de las maestrías y del doctorado, con la necesaria reglamentación para que este tipo de estudios puedan desarrollarse en Guatemala. Trabaja durante más de diez años en la docencia universitaria que se traducen en otros libros y su legado intelectual lo deja a través de sus alumnos y alumnas de la licenciatura, en la jornada matutina y vespertina de aquella facultad y posteriormente cuando los estudios de postgrado se implementan a través de sus discípulos, que no fueron pocos y que se encuentran diseminados en distintas instituciones del Estado, del sector privado y de las universidades.

A partir de 1993, el doctor Velásquez Carrera se involucra en la discusión, redacción e impulso del Código de la Niñez y la Juventud. Integrante de la Comisión Jurídica de la Coordinadora institucional de Promoción por los Derechos del Niño (Ciprodeni). Las luchas por el impulso para la aprobación del mencionado Código y la discusión con otros sectores que lo adversaban en el seno de la Comisión respectiva del Congreso de la República afianzaron sus creencias en torno al papel del Estado, al Estado Social de Derecho, a los derechos de la niñez y la juventud, congruente con las disposiciones constitucionales de Guatemala que establecen que el régimen económico y social debe estar basado en principios de justicia social. Con respecto, a los opositores al Código afirma categórico que sus intereses los hacen luchar para evitar que la niñez y la juventud con graves problemas tengan un porvenir. Intentan detener el proyecto de formar un Estado Social de Derecho, en el que el Estado sí tiene obligaciones positivas con sus ciudadanos. Piensan, estos conservadores que la opción es un Estado Liberal a ultranza, un verdadero “capitalismo salvaje”, valga la redundancia. Por ello, el Código es enemigo de los sectores poderosos que lucran con las adopciones. Hay que desmitificar sus argumentos, decía. Por ello, catorce años después de su fallecimiento fue distinguido por la Comisión Nacional de la Niñez y la Juventud. Mientras tanto, alternaba con colegas filósofos y discípulos guatemaltecos, como el caso del ahora doctor Jorge Mario Rodríguez Martínez, que para entonces terminaba su tesis de licenciatura El problema ‘es-debe’ en la filosofía de Héctor-Neri Castañeda, entre otros muchos. Como se ha dicho, nunca ejerció como abogado y notario. Sin embargo, hemos visto que a lo largo de su corta vida, el doctor José Fernando Velásquez Carrera le prestó asistencia gratuita al desvalido, no usó procedimientos vedados por la ley y la moral en los asuntos cuya dirección le fueron encomendados, especialmente en actividades tan importantes para el futuro de ciudadanos como la educación de sus estudiantes, discípulos y colegas y proceder siempre en todos sus actos con absoluta buena fe; como reza el juramento universitario. Fue su último deseo, que su formidable biblioteca personal pasase a engrosar el acervo bibliográfico de su querida, inolvidable y gloriosa Facultad, que forma parte hoy de la Escuela de Estudios de Postgrado. No sería justo terminar esta remembranza, sin recordarlo, guitarra en mano, despachándose una chacarera, una zamba o un buen bolero chapín o mejicano, junto a sus contertulios Danilo Cardona y Edgar Valenzuela Flores. Salud, de nuevo, por su vida, hermano.

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