Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Solución a la problemática del país

Toda acción humana tiene  la capacidad de escoger entre valores o antivalores.

— Mons. Víctor hugo martínez
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Toda la problemática de Guatemala no se puede solucionar, sino que tiene que ser desde las mismas raíces de donde brota todo lo negativo, la maldad, la crueldad, la incomprensión, tanto en la vida personal como la vida comunitaria. Abarca todas las relaciones que un individuo establece como persona: personales, comunitarias, religiosas, culturales, políticas, económicas; que afectan la convivencia, el orden, la justicia, la paz y el desarrollo humano, material y espiritual.

Pero, el centro de toda la problemática es la injusticia que ahoga todo lo humano y lo empuja a relaciones inhumanas que llegan hasta lo más denigrante como es la brutalidad con la cual reproducen el salvajismo y la pérdida de todos los valores. Propondré algunos aspectos de esta realidad donde aparece el problema de lo que llamamos moralidad, o sea, la pérdida de la ética moral.

  1. El caso de la defensa cuando injustamente o supuestamente se agrede y se lleva a la violencia. Entendámonos con los conceptos.

Conforme a la filosofía y el sentido filosófico-teológico.

La filosofía Moral: para que pase a la moralidad cristiana solo puede conocerse por lo que se llama revelación teológica, o sea, penetrando el pensamiento de un SER SUPREMO y sin el cual no puede dar toda la calidad de lo que debe de ser una verdadera ética.

En cuanto a la filosofía moral es la exposición de la moralidad puramente natural, o sea que por la razón humana se puede llegar a conocer y esto es admitido por la teología moral-cristiana y concede que esta filosofía moral puede conseguir por la razón o sea conocer por el raciocinio los deberes del hombre, el cual se llamaría ley moral natural, o sea el conocimiento de la verdad, que todo ser humano es capaz pero solo por una revelación tiene su justo sentido.

Este problema es provocativo, porque nos preguntamos que si en absoluto existe un ser como el ser del hombre que sea puramente natural y que solo con la pura razón puede conocerse él mismo y que ese racionamiento no tiene nada que ver la acción de Dios, porque el juego es salvar la única verdad, y por ello se pregunta si en absoluto es posible que exista una filosofía moral que no tenga nada que ver con la religión o sea lo que llamamos teología; con otras palabras conocer la filosofía moral o sea con Dios o sin Dios.

Existen dos tendencias religiosas, una es sostenida por Karl Barth y H. Thielicke que es apoyada por la mayoría de la religión protestante. Estos autores afirman, que la filosofía moral tal como es afirmada por la revelación, dicha filosofía moral es solo existente para poder aceptarla: o sea, que solo con medios de un conocimiento natural por la razón se puede conocer.

Los medios para llegar a conocer la verdad natural y la moralidad revelada, es solo un supuesto conveniente.

Surge una pregunta que si hay un ser hombre que por ser un ser natural, pueda conocerse él mismo con la fuerza de su razón y que no tenga necesidad de ninguna manera de otro ser que lo ayude a salir de su estrechez natural, pues todo ser viviente es finito: nace, crece, se reproduce y muere; Pero siente un anhelo en su corazón de poder poseer la vida sin que le sea arrebatada y esto sobrepasa su condición humana finita: y cabe preguntar que si él mismo se considera absoluto pero lo posible que desea es de manera limitada a la vida y que exento de ello no tenga nada que ver con otro ser que tiene la vida por sí mismo y que él mismo es dador de vida y que no necesita lo que piense otro ser o sea que él solo se basta: y que confía como ser humano que es en su ser el único absoluto.

  1. En el campo católico, la filosofía moral se le domina como ética (ethos = las costumbres), si el protestantismo solo habla de una ética teológica y le concede un valor de doctrina moral que es puramente revelación y que no se apoya en lo humano, o sea en lo mero natural. De esta manera, deja a Dios en el aire pero no como fundamento para la actuación del hombre con lo cual no tiene rumbo o destino.

El fin de la filosofía moral cristiana, su fundamento está en Dios y el hombre debe aplicarla para conseguir su ruta de vida, o sea su destino final.

El fin de la moralidad cristiana es el punto de partida y el destino que juega el hombre, cuyo camino es en dirección a vivir la vida de Dios durante la vida terrena; y de esta manera a la posesión de Dios en la eternidad y como concepto es aquello que todo ser humano aspira empleando los medios para su consecución (Santo Tomás, 2 Q.142). Santo Tomás se inspira en el Deuteronomio, 30, 15-20, cuando Dios Ser Supremo advierte a la humanidad representada en Israel y en dimensión de futuro: “hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desgracia. Escucha los mandatos que te prescribo hoy, sigue mis caminos, cumple mis mandatos y preceptos, serás feliz, dice el Señor, te bendeciré en la tierra que tomes por posesión”.

Toda acción humana, siendo el ser humano con un espíritu y un alma que es superior a las bestias, está dotado de razón, inteligencia, libre albedrío y del bien supremo que es el amor con capacidad de discernir. Por ello, toda acción humana por el libre albedrío tiene capacidad de escoger entre los valores y los antivalores, o sea el fin que nace del espíritu y del alma y consecuentemente debe acompañar toda su actuación humana. El fin ha sido propuesto por el creador: es el objetivo que nace de la interioridad del hombre, su centro es el corazón y la mente donde se realiza todo acto humano digno. Esta dignidad señalada es una realidad humana, pero también se da en seres humanos que dependen de otros seres, que son sus servidores de otros humanos.

En cada hombre se dan ambos fines, porque el hombre es hechura de Dios, la llamamos creatura y ha sido llamado por el Creador y se le ha propuesto o señalado un fin: poseer la vida eterna; por ello la capacidad de discernir libremente, con su decisión puede escoger la vida o la muerte, que se convierte en un fin para el mismo ser.

La capacidad de poder de decisión es donde se funda el deber, que es imperativo en la tarea moral de todo hombre. El hombre se le ha propuesto un fin, o sea un destino y es un deber alcanzar dicho fin, o sea que se convierte en un imperativo moral.

La orientación del hombre la escogencia de la vida (el bien), o escoger la muerte (el mal) es lo que se llama la conducta. El término conducta significa conducir, o sea que se dirige a un destino que debe alcanzar.

La existencia de orientar su conducta, de tal manera que alcance su fin, que ha sido establecido y determinado es la norma para su libre configuración en la vida humana (Santo Tomás). La tarea moral, se formula de esta manera: “escoge tus fines en armonía con el fin que te ha propuesto el creador”.

Ahora bien, todos debemos reflexionar dónde está nuestra dirección interna, o sea el objetivo que buscamos en nuestra propia vida, en nuestras muchas maneras de actuación y con qué fin lo hemos optado.

Según nuestra dirección nace lo que llamamos el carácter moral: es la necesidad e importancia de conocer el fin que nos proponemos que es preparación para el encuentro definitivo con Dios (Jn. 14, 2-5). Esto nos lo responde el mismo Cristo que es el único camino: “Yo Soy el camino, la verdad y la vida”; exige entregarnos totalmente por ese camino de vida, que es vida eterna y que Cristo es el principio y fundamento, la verdad y el fin de la vida humana. Si se pone esta voluntad en Cristo, la teología moral y su objetivo es mostrar al hombre su camino y que debe ser estudiado con el fin de lograrlo.

El destino, o sea el fin señalado por Dios es con la absoluta y total verdad que es Dios, revelado por él mismo y no nos satisfaremos si solo se deduce de actos humanos naturales; el hombre está limitado por su condición de ser una creatura y solo por la verdad revelada por Dios nos toca realizarla en la vida íntima junto con Cristo.

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