Jueves 19 DE Septiembre DE 2019
Opinión

Rompiendo el círculo de la pobreza

Estamos entrando en la economía del conocimiento y seguimos usando herramientas del siglo pasado.

Fecha de publicación: 18-02-16
Por: Juan José Micheo Fuentes

¿Existe una fórmula a corto plazo para hacer progresar a un país? La prosperidad conlleva grandes sacrificios, esfuerzo y trabajo duro, se considera que un país con ingresos bajos podría pasar a ser desarrollado no antes de cumplir medio siglo. No es tarea fácil, pero tampoco es imposible de llevar a cabo. Pasemos revista al exitoso caso de Corea del Sur, a manera de comparación dicho país en el año 1980 registraba un ingreso per cápita que igualaba al de Guatemala (US$2 mil 300); treinta y seis años más tarde su nivel de ingreso a precios internacionales había alcanzado los US$30 mil 800 anuales, mientras que el nuestro a duras penas llegaba a US$5 mil 100. Ellos con una extensión territorial similar al nuestro y una población de cincuenta millones de habitantes.

Su economía en términos de nivel de vida se compara a los de España e Italia. El crecimiento económico en promedio ha sido del ocho por ciento anual y las tasas de natalidad son de las más bajas del mundo. En Guatemala el ritmo de crecimiento económico en la última década se mantiene en alrededor del tres por ciento con una tasa de natalidad anual de 2.4 por ciento –la tasa más alta de Latinoamérica–. En Corea del Sur la población trabaja en promedio 9.4 horas diarias; es la 13ª economía del mundo, de los países más avanzados en electrónica y robótica, tercero en mayor número de usuarios de Internet y liderazgo global en la producción de automóviles e industria naval.

Por supuesto, que el auge en gran medida, en el inicio del proceso, se debió al ingreso masivo de capitales estadounidenses después del conflicto armado con la otra Corea, que devastó su aparato productivo en los cincuenta del siglo pasado. Pero, el verdadero impulso se basó en la cuantiosa inversión en capital humano y desarrollo tecnológico. En el campo educativo actualmente invierten el 4.6 por ciento del PIB –en Guatemala el 2.8 por ciento–. Su alta calidad educativa queda reflejada en los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes de la OCDE, entre los cuales Corea del Sur destaca entre los primeros cinco del mundo en resolución de problemas, matemáticas y ciencias. Es el primer país del mundo que llevó el acceso rápido de Internet a cada escuela primaria en todo su territorio.

En nuestro país conviven seis mil coreanos que trabajan principalmente en el comercio y la industria de la maquila. Los que tenemos hijos en los colegios quedamos sorprendidos que desde temprana edad se destacan en clase sacando notas altas. Al indagar nos percatamos que están acostumbrados a ir después del colegio a clases nocturnas donde perfeccionan su idioma y profundizan en otras materias. Se esfuerzan mucho y tratan de hacer todo con excelencia. En nuestra primaria y secundaria el ciclo lectivo oficial es de 180 días al año, mientras que ellos reciben clases 240 días al año.

En Guatemala para acelerar el crecimiento económico es imperativa la refundación de la educación, enfocándola hacia el trabajo. Se necesita impulsar las carreras técnicas para que los alumnos puedan recibirse de peritos en construcción, computación, agroindustria, turismo, carpintería, mecánica, etcétera. Y a nivel superior que las universidades estimulen las carreras de ingeniería, electrónica, robótica, informática, idiomas y menos las carreras tradicionales. Estamos entrando en la economía del conocimiento y seguimos usando herramientas del siglo pasado.

En ese esfuerzo las universidades deben de jugar un papel preponderante democratizando la educación, transmitiendo los conocimientos por medios electrónicos gratuitos. También será indispensable que centros nacionales y regionales de investigación se integren a esa gran cruzada a fin de crear una verdadera plataforma de ciencia y tecnología.

La estafeta está en nuestras manos.