Sábado 24 DE Agosto DE 2019
Opinión

Recetas exprés para desarrollar un país

Guatemala, un país que no tiene futuro.

Fecha de publicación: 17-02-16
Por: Gonzalo Asturias Montenegro

Destruir un país es un asunto relativamente fácil, pues es solo de darle y darle a la piñata de las finanzas públicas: ¡hay caramelos para todos! Construir un país es otra cosa. La farmacopea es amplia y de eficacia comprobada, pero de difícil administración porque los políticos prefieren darle a la población pan para hoy aunque ello signifique hambre para mañana. ¡Y eso le gusta al pueblo! ¡Pan y circo!, es la vieja receta.

En la década de 1980, Nicaragua, El Salvador y Guatemala pasaron por una cota alta en la guerra, que dejó millares de muertos y la destrucción del tejido social, y un daño colateral de reducción de los niveles de vida.

Si tomamos el PIB en dólares ajustado por la inflación, Nicaragua no ha alcanzado a la fecha el PIB per cápita de 1977 (penúltimo año de Anastasio Somoza). El Salvador, no retomó el PIB per cápita de 1978 sino 25 años después. En el caso de Guatemala, el país tardó 19 años en recuperar el PIB per cápita de 1980. Según una estimación, la riqueza que Guatemala perdió a causa de la guerra habría sido de US$145 millardos.

En nuestros países centroamericanos, mientras nosotros luchábamos por superar los estragos económicos de la guerra, muchos países del Asia crecían vertiginosamente, y alcanzaban y pasaban nuestro PIB per cápita. ¡Qué triste! ¡La guerra nunca ha dado dividendos a la población!

Para Guatemala, crecer no ha sido una cosa fácil porque si a nuestro crecimiento histórico restamos el poblacional (que es mayor que el de otros países latinoamericanos), tenemos que nuestro promedio de crecimiento neto en el pasado cercano ha sido de alrededor del uno por ciento. ¡Pobre desempeño! ¡Con ese porcentaje no vamos a ningún lado!

Nuestro país solo podrá crecer con base a dos ejes: el primero de ellos es la apuesta seria (muy seria) por la educación de calidad (que es la forma de equipar a los futuros ciudadanos para que puedan ser exitosos en la vida) no solo limitada a 180 ridículos días de clase, que muchas veces ni se alcanzan, y que en la actualidad son de baja calidad, sino a bastantes más y de excelencia; unida esa apuesta por la educación al combate serio a la desnutrición; a la lucha por la salud; y a la creación de infraestructura. A la par de todo ello, el segundo eje es el fortalecimiento del Estado de Derecho (seguridad jurídica, con leyes estables, y respeto a la propiedad privada; seguridad física para las personas; así como justicia pronta y cumplida); la atracción de capitales para aumentar la producción (y crear así plazas de trabajo con prestaciones de ley) y la productividad, que es la forma sana de aumentar los salarios y de reducir las desigualdades.

Y en cuanto a mejorar aceleradamente la calidad de la educación, tenemos el escollo de sindicalistas como Joviel Acevedo, quien empezó el año con una manifestación pública que envió el mensaje claro: –aquí estoy; ¿para qué soy bueno?; ¡negociemos! Entendamos que Joviel no tiene interés alguno por luchar por la meritocaracia en el magisterio, y por todo lo que suponga un control de los docentes de parte de la sociedad civil. A Joviel le interesa la política (la nacionalización de la energía eléctrica, por ejemplo) y no la mejora de la calidad educativa. ¿Ha escuchado a Joviel alguna propuesta para que los estudiantes mejoren en matemáticas o comprensión de lectura? ¡Qué gran daño el que le hace Joviel a Guatemala! ¡Con la educación pública que ahora tenemos, Guatemala no tiene futuro! ¡No iremos a ninguna parte! Y de todo ello, Joviel es en parte responsable.

Del licenciado Jorge Méndez Herbruger recibí una nota en la que aclara que el pacto colectivo de los trabajadores del Congreso que él suscribió en nombre y con la aprobación de la directiva en 2005, incluyó el aumento salarial del diez por ciento mensual porque era ya un derecho adquirido por los trabajadores, según el pacto colectivo suscrito en 1999.

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