Domingo 25 DE Agosto DE 2019
Opinión

Miscelánea

Fecha de publicación: 17-02-16

Un poco de historia (8)

NOTA: antes de continuar con esta sencilla revisión de nuestra historia política, debo aclarar –aunque no parezca necesario– que no soy historiador, ni me permito hacer comentarios en lo que publico, ni doy opiniones personales sobre ninguno de los diferentes protagonistas de nuestra historia. Simple y sencillamente, aprovecho los estudios realizados por varios historiadores calificados, y de publicaciones como la Asociación de Amigos del País, o las fuentes que surten a la Enciclopedia Libre de Wikipedia, o de Google. Por consiguiente, no me hago responsable de los comentarios y las opiniones que hay en esas fuentes. Asimismo, debo reconocer que los datos cronológicos que he venido publicando provienen de la obra titulada “Hombres, fechas y documentos de la Patria, Cronología de Presidentes y Alcaldes de 1524-1978-2001”, del historiador y filósofo Agustín Estrada Monroy. Pero no me hago responsable de nada de lo que digan esas fuentes.

Dicho lo cual, continúo:

No quiero pasar por alto ciertos datos chuscos de la vida íntima de algunos de nuestros expresidentes, como en el caso de Reina Barrios. Cuando regresó de Europa después de haber descubierto que el Presidente Barillas le había engañado al enviarle como Cónsul a Alemania y el Cónsul de Guatemala en Francia le dio la noticia de que nunca había llegado su nombramiento, cuando venía de regreso a Guatemala permaneció un tiempo en Estados Unidos, donde conoció a su futura esposa, una bonita joven sureña de nombre Argelia Benton que tenía 17 años de edad y procedía de una familia distinguida de Virginia, pero estaba trabajando como vedette en el barrio francés de Nueva Orleans para ayudar a su familia a sobrevivir. 

En 1887, tras regresar a Guatemala, Reina Barrios asumió la Vicepresidencia de la Asamblea Legislativa, pero dos años mas tarde, en 1889, fue encarcelado por el gobierno del presidente Barillas por su supuesta participación en unos movimientos revolucionarios que tuvieron lugar en Mataquescuintla, hasta que el Consejo Superior de Guerra decretó su libertad al comprobarse su inocencia. Mientras estuvo en prisión, su esposa, Argelia Benton, tuvo que solicitar ayuda al ministro Antonio Batres Jáuregui para poder llevar alimentos a su esposo.

Reina Barrios se fue al exilio voluntariamente a Estados Unidos. Y cuando se produjo la “Primera guerra del Totoposte”, en diciembre de 1891, tras el golpe de estado de los Ezetas en El Salvador, retornó a Guatemala para colaborar con el ejército, pero la paz ya había sido firmada con El Salvador sin siquiera haberse iniciado las hostilidades. Al comenzar la lucha presidencial de 1892, manifestó al general Barillas que no lo perseguiría judicialmente cuando él dejara la presidencia, lo cual le valió “ganar” (?) la elección.

Reina Barrios se casó con ella y se la trajo a Guatemala donde se ignoraba su procedencia y, poco tiempo más tarde, como cargo protocolario ostentó el cargo honorífico de “Primera Dama”, durante la presidencia de su esposo. Pero para 1898 la relación entre los esposos Reina Barrios era fría y distante durante más de un año, por lo que la joven señora le puso cuernos con el General Salvador Toledo, Jefe del Estado Mayor presidencial, cosa que, por cierto, volvió a suceder aquí muchos años más tarde. El hecho es que Argelia estaba embarazada de seis meses cuando ocurrió el magnicidio.

Cuando la muerte de su esposo, Argelia perdió la razón y regresó a los Estados Unidos dejando varios asuntos sin resolver en Guatemala. El escritor e historiador Antonio Batres Jáuregi, que había sido consejero de Reina Barrios, indica que quizás fue por remordimiento, pues Argelia había quedado embarazada de una relación extramarital con el Jefe del Estado Mayor de Reina Barrios, General Salvador Toledo, a quien se acusó de haber estado implicado en el asesinato de Reina Barrios. Su lujosa residencia, Villa Argelia, sobre el Paseo 30 de junio, quedó abandonada por mucho tiempo. Y se marchó con una niña en brazos, a quien bautizó con el nombre de Consuelo. Regresó a Nueva Orleans, y siguió abusando del alcohol y de drogas recreativas, al punto de llegar a ser arrestada en Londres y Nueva York, acusada de intoxicación. Su relación con su hija fue tan distante que el diario New Orleans Times Picayune reportó que su mamá la había abandonado en París en las escaleras de la iglesia de La Madeleine. A consecuencia del mal estado de salud, además de la drogadicción y alcoholismo de su madre, Consuelo fue ingresada en un convento en Londres, por órdenes de Estrada Cabrera al ministro de Guatemala en Gran Bretaña, José Tible, hermano de la madre del cronista Enrique Gómez Carrillo, quien, casualmente, también sería cónsul de Guatemala en Hamburgo. Por lo que Argelia Benton ingresó al asilo de caridad Touro-Shakespeare en Nueva Orleans, sin un centavo y casi ciega.

Consuelo Reina Benton, hija del expresidente Reina Barrios, vivió bajo la protección del dictador Manuel Estrada Cabrera, quien ordenó al ministro Tible que la llevara a vivir al convento St Mary’s Abbey School en Hendon Middlesex. Hasta donde iba a visitarla su madre de vez en cuando con una enfermera que la cuidaba, pues para entonces la señora estaba ya inmersa en un grave problema de drogadicción y alcoholismo. Argelia Benton vivió sus últimos años en Nueva Orleans y murió 20 de abril de 1915, mientras visitaba a unos amigos en Biloxi. Para entonces, Consuelo ya había regresado a Guatemala, donde se enfermó gravemente tras los terremotos de 1917 y en 1918 fue enviada a Nueva Orleáns, donde murió en la miseria el 8 de junio de 1919.

Reina Barrios tomó posesión del gobierno el 15 de marzo de 1892 en una fastuosa ceremonia que incluyó bandas y marimbas y aprovechó el alumbrado eléctrico de la plaza central que había instalado el presidente Barillas. Su primer decreto presidencial fue despedir al cónsul de Guatemala en Francia, por su comportamiento pocos años antes, que Reina Barrios no había perdonado. Durante sus primeros años su gobierno se caracterizó por ser progresista y generoso, y por otorgar libertades o autonomía a los organismos del Estado que nunca habían existido en el país; hubo un Congreso Legislativo que no estaba supeditado al presidente y los jueces no eran venales.

Durante su gobierno emprendió el ornato de la ciudad de Guatemala, a la que dotó de avenidas, alamedas y monumentos, siguiendo el ejemplo de París. De sus obras, aún se conservan el Paseo de la Reforma y el Parque Condordia. Además se remodelaron hermosos edificios como el Palacio Presidencial que, lamentablemente, fueron destruidos por los terremotos de 1917–18. Se dio un mejoramiento del Parque Reina Barrios ubicado en el Paseo de la Reforma, que estaba donde todavía hay una estatua ecuestre de Reina Barrios, y la colocación de varias esculturas de animales provenientes de Europa, y se construyó el edificio de la Propiedad Inmueble, hoy Museo Nacional de Historia, en el centro de la ciudad de Guatemala.

La caída del precio del café, que para entonces ya era el cultivo fundamental de los gobiernos y terratenientes liberales, fue un factor determinante en la caída de la economía de Guatemala. La cesación del alza de los precios de los valores públicos se había convertido en un descenso rápido y desconsolador y existía una paralización completa en los negocios por carencia casi total de efectivo, situación muy grave que estaba empezando a afectar al comercio, la agricultura, la industria y demás fuentes de riqueza. Las causas de este serio problema eran el excesivo desarrollo que el gobierno había dado a necesidades ficticias, o sea el embellecimiento de la Ciudad de Guatemala y la realización de la malhadada Exposición Centroamericana, sin haber tomado en cuenta el verdadero estado de las finanzas nacionales. Se consideraba para entonces que la única solución era una austeridad absoluta con un plan de economías y la abstención total de todo dispendio innecesario, y se temía que se podría llegar a una bancarrota estatal.

Durante el gobierno de Reina Barrios el país había alcanzado algunos progresos en el orden intelectual, sobre todo en ideas escritas. Un gran número de periódicos se publicaban en la capital y en algunas poblaciones de la república, aun en unas predominantemente indígenas y analfabetas. En los comienzos de su gobierno, le dio un impulso poderoso a la enseñanza. Las escuelas normales fueron objeto de sus atenciones y su trabajo, aunque no tuvo tiempo de culminar esta obra. Al final de su primer año de gobierno, el presidente hizo una visita de pueblos y recogió a muchos muchachos de las escuelas públicas de los pueblos y a los mejores les dio becas para la Escuela Normal de La Antigua. Esta escuela funcionó en los conventos de San Sebastián y luego en el de la Compañía de Jesús. El 21 de marzo de 1893 el Decreto Legislativo 193 dispuso que las juntas directivas de las facultades de la Universidad Nacional serían nombramientos del Ejecutivo lo mismo que los catedráticos de las escuelas facultativas. Las facultades no procederían a elegir sus juntas directivas, ni podían sacar cátedras a oposición. En 1897, debido a la crisis económica derivada del embellecimiento de la infraestructura y el fracaso de la Exposición Centroamericana, Reina Barrios empezó a ahorrar en educación, cerrando las escuelas y la Universidad Nacional.

En 1896, el presidente Reina Barrios convocó a un concurso para crear el Himno Nacional de Guatemala, en el cual salió premiada la obra de Rafael Álvarez Ovalle, musicalizando un poema amparado con el seudónimo de “Anónimo”. Hubo mucho descontento entre los que no ganaron, quienes hicieron llegar su queja hasta el primer mandatario. Reina Barrios, en presencia de los miembros de su gabinete y otras personalidades y maestros de arte musical, volvieron a escuchar todas las composiciones que compitieron en el concurso, habiendo salido electa nuevamente, por unanimidad, la del maestro Rafael Álvarez Ovalle. El autor de la letra del Himno Nacional de Guatemala permaneció en el más profundo misterio hasta 1910, cuando se descubrió que su autor era el poeta cubano José Joaquín Palma, quien vivía exiliado en Guatemala al lado de su compatriota José Martí, pues antes de morir este reveló su secreto, de que él era el autor de la letra del himno nacional de Guatemala. El estreno del himno nacional tuvo lugar en el acto lírico literario celebrado en el Teatro Colón la noche del domingo 14 de marzo de 1897, como uno de los principales puntos del programa de festejos de la Exposición Centroamericana, durante el cual fue condecorado con medalla de oro y diploma el maestro Rafael Álvarez Ovalle, originario de Comalapa. (Continuará)

Twitter@jorgepalmieri