Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Los Roosevelt, Arévalo y nuestro siglo XXI

“El gobierno somos nosotros mismos, los electores”, F.D. Roosevelt.

— Fernando González Davison
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En septiembre de 1944 Juan José Arévalo en Argentina escribía en su mesa llena de libros sobre el New Deal, de Franklin D. Roosevelt, cuando escuchó tocar la puerta de su modesto apartamento. Se puso de pie al oír que alguien tocaba la puerta. El cartero le entregó un telegrama: ¡Su amigo Juan José Orozco lo invitaba a volver a Guatemala para ser candidato presidencial! Tenía años de no ver su país natal.

Respondió que llegaría en una semana. Escribía sobre el “socialismo espiritual” basado en las ideas de Roosevelt, para enfrentar las ideas del totalitarismo que aún predominaba en el mundo. Entendía que las democracias tenían que emerger con las ideas de Roosevelt y su esposa Eleanor.

Ambos eran patricios liberales de Nueva York con estudios en las mejores universidades del Este. Defendían valores y creían en la seguridad (del Estado y del ciudadano), en la equidad (social) y la libertad (política). “El gobierno somos nosotros mismos, los electores”, dijo Franklin y lo dejó marcado. Pero en América Latina en esos años, con excepción de México revolucionario, los generales seguían admirando el fascismo como Perón y Getulio Vargas en Argentina y Brasil, sin mencionar a los sátrapas del Caribe que Roosevelt tuvo que aguantar.

Los Roosevelt descendían de un ancestro holandés. El primero en sobresalir fue Teodoro Roosevelt que llegó a la presidencia a inicios del siglo XX. Marcó el derrotero de su país como gran potencia marítima mundial con rasgos imperiales. Fue mediador de la guerra ruso-japonesa de 1905 y por ello obtuvo el Premio Nobel. En el plano doméstico fue pionero en enfrentar las grandes desigualdades sociales a través de un Estado interventor: impulsó el “Square Deal”, en donde el Estado debía intervenir para impulsar la igualdad de oportunidades entre distintas razas, en medio de una sociedad racista. Atacó a los monopolios de Carnegie, JP Morgan, Rockefeller…

A la vez, protegió la naturaleza y sus recursos ambientales como ningún otro, y cuidó al consumidor.

Tras el crack de Wall Street en 1929, su sobrino Franklin a la siguiente década llegó a la Presidencia en medio de la gran recesión, producto del libertinaje bancario y bursátil. Para estabilizar su país él y su esposa promovieron el New Deal, con varios objetivos: bajar los altos índices de desempleo (un cuarenta por ciento) y de pobreza, que abarcó a todos los grupos étnicos, blancos por igual. Las ideas sociales de su tío Teodoro las ampliaron, buscando elevar la igualdad política, económica y social entre la población. En 1935 el New Deal, o nuevo pacto social en democracia, generó empleo masivo a través de la intervención del Estado realizando obras públicas; dando capacitación general a los trabajadores para que accedieran a puestos de trabajo, como así sucedió, de mayor calificación. También regularon la actividad de los bancos para prevenir un nuevo crack financiero, y propiciaron que los grandes capitales participaran en la redistribución de la riqueza con impuestos (más los bonos de guerra a partir de 1941). El libre mercado siguió pero con un Estado que lo equilibraba e impulsaba el salario mínimo, los derechos de los trabajadores, la seguridad social…

Eso era lo que Arévalo estudiaba en 1944 y lo aplicó al modernizar el Estado guatemalteco en su presidencia. Cuando aquella pareja diagramó un nuevo orden mundial multilateral: la ONU, los organismos internacionales, el Banco Mundial, para beneficio de la humanidad, Arévalo los aplaudió. Esas políticas elevaban el espíritu nacionalista y la solidaridad en un país y en el mundo, dijo Roosevelt antes de morir. Eleanor siguió y escribió buena parte de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Eso era socialismo espiritual para Arévalo. La Guerra Fría todo lo trastocó. Ahora, empero, la filosofía rooseveltiana aún guía a Hillary Clinton y a Bernie Sanders en su lucha electoral. Acá es una buena hoja de ruta para salir del legado de oscuridad.

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