Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Miscelánea

— jorge palmieri
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Un poco de historia (6)

Al general Justo Rufino Barrios le sustituyó Alejandro Sinibaldi Castro (1825-1896), pero dado que no era ni militar, ni tenía un respaldo político, comprendió que no podía desempeñar esa responsabilidad y renunció cuatro días más tarde, el 6 de abril. Por lo cual le apodaron “Flor de un día”.

General Manuel Lisandro Barillas Bercián, presidente de Guatemala de 1886 a 1892.

Reunida la Asamblea General, se decidió llamar al segundo designado a la presidencia, que era el General Manuel Lisandro Barillas Bercián (1845-1907), apodado “Hombre de los trágicos sietes”, un excarpintero que inició su carrera militar por haber participado en la guerra contra el gobierno conservador del mariscal Vicente Cerna, gracias a lo cual desempeñaba el cargo de Jefe Político de Quetzaltenango, pero desde su años de juventud tenía inclinaciones de continuar la tradición familiar de dedicarse a la carrera militar como su padre, que por entonces era Comandante de Armas de Mazatenango, Suchitepéquez, y a su hermano Isidoro, que se incorporó al Movimiento Liberal de 1871 encabezado por los generales Justo Rufino Barrios y Miguel García Granados, en el cual obtuvo el grado de Capitán, con órdenes de organizar un Batallón de Voluntarios. Posteriormente, el General Barrios le nombró corregidor de las Fuerzas de Occidente, Jefe Político y Comandante de Armas de Quetzaltenango.

Pero el simple nombramiento no le dio la preparación ni la capacidad para gobernar y lo hizo gracias a que tuvo muy buenos asesores como Lorenzo Montúfar y Antonio Batres Jáuregui. Y como todos los déspotas pierden el sentido de las proporciones y se creen inmortales, Barrios se equivocó, como en muchas cosas, porque murió de un balazo por la espalda, en Chalchuapa (El Salvador) a la temprana edad de 50 años, tratando en vano de unificar a las cinco provincias de Centroamérica.

Pero tan pronto Barillas se enteró de la muerte de Barrios, se trasladó a la capital y se presentó en el Cementerio General cuando enterraban al Reformador, y en vista de que ya sabía que la intención del exministro de la Guerra, Juan Martín Barrundia, era apoderarse del poder, le amenazó con que si no le entregaban la presidencia iba a ordenar a las tropas que había traído de Quetzaltenango que entraran a la capital y estaban acantonadas en las afueras de la ciudad. Lo cual era falso, pero, fue evidente que el ardid surtió efecto de inmediato, porque logró el propósito de amedrentar a Barrundia y, sin encontrar la menor resistencia, Barillas marchó triunfante hasta el Palacio de Gobierno para asumir la presidencia de la República.

Manuel Lisandro Barillas fungió como Presidente interino del 6 de abril 1885 al 15 de marzo 1886 y durante este periodo reformó la Constitución de 1879 y convocó a elecciones, las cuales ganó, y tomó posesión de la Presidencia el 15 de marzo de 1886 y gobernó hasta el 15 de marzo de 1892. El 17 de octubre de 1888 fue fundado en su honor el municipio de Barillas, en Huehuetenango. El propósito de la maniobra, aparte de dar su nombre a un municipio, fue legalizar en favor de propietarios individuales ladinos, la adjudicación de doscientas caballerías expropiadas a los indígenas de Santa Eulalia.

En el ejercicio de su mandato, Barillas derogó el Decreto de Unión Centroamericana emitido por Justo Rufino Barrios y buscó la paz con El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. También liberó a los presos políticos, creó el Banco Agrícola Hipotecario y en 1887 firmó el pacto Montúfar-von Berger entre Nicaragua y Alemania. Otros hechos importantes que ocurrieron durante su gobierno fueron: la expulsión del país del arzobispo Ricardo Casanova y Estrada, y la disposición por la cual se prohibía el ingreso de curas extranjeros, la suspensión de garantías constitucionales el 26 de junio de 1887 y la convocatoria a una Asamblea Constituyente, que aumentó a seis años el período presidencial, suprimió la Vicepresidencia y volvió a instaurar el sistema de designados.

Su gobierno se caracterizó por la excesiva corrupción, gracias a la cual Barillas acumuló una gran extensión de tierras en la zona de la Costa Cuca donde se apropió de las Fincas El Porvenir, La Libertad, El Tambor y Dalmacia, en la Costa Sur. No obstante, dilapidó su inmensa fortuna y murió en la miseria en México.

En 1890 el periodista y poeta nicaragüense Rubén Darío había venido a Guatemala huyendo de los rigores del gobierno conservador de Carlos Ezeta de El Salvador y Barillas, que era admirador de Darío, le nombró propietario y director del periódico El Correo de la Tarde y declaró la guerra al gobierno de Ezeta.

Durante su gestión otorgó becas para realizar estudios en Europa a los más sobresalientes estudiantes de medicina de la Universidad Nacional, y también a los literatos, como Enrique Gómez Carrillo, a quien le otorgó una beca para estudiar en Madrid, a instancias de Rubén Darío, quien para entonces ya dirigía el periódico El Correo de la Tarde en el cual colaboraba Gómez Carrillo.

Además, Barillas fundó la Facultad de Medicina de Occidente y el 28 de junio de 1888 creó la Escuela Normal de Señoritas, actual Instituto Normal Central para Señoritas Belén, pero su inauguración se retrasó algunos años, pues fue hasta 1893 cuando inició sus labores bajo la dirección de la maestra Rafaela del Águila. En 1890 provocó un conflicto diplomático con el Gobierno de los Estados Unidos de América al sobornar al Ministro de dicha legación, Lassinger Mizner, para que permitiera entrar a apresar al General José Martín Barrundia, en el barco Acapulco, de bandera estadounidense, que estaba anclado en el Pacífico. Y Barrundia murió en un confuso tiroteo como resultado de esta operación. 

Para 1881, las relaciones entre el presidente Justo Rufino Barrios y los representantes de la Iglesia católica habían mejorado considerablemente, y el presidente Barrios envió a su amigo personal y antiguo sacerdote, el padre Ángel María Arroyo, como ministro plenipotenciario ante la Santa Sede para trabajar en un nuevo concordato que sustituyera al Concordato de 1852. 

El documento estuvo listo el 2 de julio de 1884 por medio del cual Guatemala retiraba a la religión católica la condición de religión favorecida, aunque se mantuvo como religión oficialmente reconocida. Pero el Congreso de la República jamás lo ratificó. Sin embargo, tras la muerte del presidente Barrios, en 1885, su sucesor, el general Barillas, no ratificó el tratado y durante su gobierno se continuó con la política liberal de agresiones contra la Iglesia Católica. El 2 de julio de 1884.

Por aquellos días el general José María Reina Barrios ya se movía en el tinglado político promoviendo su campaña presidencial, gracias a su parentesco con Justo Rufino Barrios (su tío), y al prestigio del que se revistió primero cuando a los 14 años de edad huyó de su casa para integrarse en Tapachula como redoblante al Ejército Liberal que encabezaban los generales Miguel García Granados y Justo Rufino Barrios, y tras su valiente y efectiva participación en la retirada de las tropas guatemaltecas tras la derrota sufrida en los llanos de Chalchuapa en 1885.

Al enterarse Barillas de aquella ambición de “Reinita” (como le decían de apodo por su baja estatura), urdió otra de sus tretas para salir de él: lo envió con el cargo de Cónsul en Berlín, pero al llegar a Alemania Reina Barrios descubrió que el nombramiento no existía y cuando solicitó los viáticos para regresar a Guatemala descubrió que la intención de Barillas era dejarle varado en Europa, por lo que se vio obligado a regresar por su cuenta y tuvo que pasar un tiempo en Estados Unidos antes de poder venir a Guatemala.

General de División José María Reina Barrios, presidente de Guatemala de 1892 a 1898.

El 15 de marzo de 1892, el General de División Manuel Lisandro Barillas entregó la presidencia al también General de División José María Reina (o Reyna) Barrios (1854-1898) y se retiró a vivir tranquilamente en sus fincas del suroccidente del país. Pero añorando el poder, aceptó ser Alcalde de Quetzaltenango y después se trasladó a México y a Estados Unidos. En México trató de organizar un movimiento armado contra el gobierno de Manuel Estrada Cabrera y el 7 de abril de 1907, en la calle que entonces se llamaba El Seminario (actual avenida Guatemala), murió asesinado a puñaladas por los sicarios guatemaltecos Florencio Morales y Bernardo Mora, contratados por el General José Lima, cumpliendo órdenes del presidente Manuel Estrada Cabrera.

El gobierno del General Porfirio Díaz protestó diplomáticamente y estuvo a punto de declararle la guerra a Guatemala, pero sus consejeros le hicieron ver que aunque la guerra sería fácil de ganar, se expondría a que cualquiera que pudiese encabezar al ejército mexicano regresaría como héroe nacional y seguro candidato presidencial, por lo que Díaz se dio por satisfecho exigiendo, sin ningún éxito, la extradición del General José Lima, autor intelectual del asesinato, porque jamás lo logró.

(Continuará)

Twitter@jorgepalmieri

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