Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Recetas exprés para quebrar un país

Quebrar un país es cosa relativamente fácil.

— Gonzalo Asturias Montenegro
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Veamos brevemente qué hicieron los griegos para quebrar a su país, y qué podríamos hacer los guatemaltecos para hacer otro tanto.

Con un PIB per cápita bastante menor que el de España, el salario mínimo heleno era 50 por ciento mayor que el hispano. En 2007, los empleados públicos tenían entre sueldo, bonos, pluses hasta un promedio anual de 70 mil euros frente a los 55 mil de sus pares alemanes. Los griegos se podían jubilar a los 65 años, cobrando casi el 96 por ciento de sueldo que devengaban. Pero el sistema tenía una puerta abierta a la jubilación anticipada de 50 años como mínimo para las mujeres, y de 55 para los hombres. Y por la corrupción que existía, con frecuencia los muertos cobraban jubilaciones. La burocracia creció tanto que un hospital de Atenas tuvo 45 jardineros para cuidar cuatro macetas. Otro organismo estatal contaba con 50 conductores por cada vehículo. El metro de Grecia tenía un déficit (subsidiado por el Gobierno) de tal magnitud que le hubiera resultado al Estado más barato cerrarlo, y transportar a sus usuarios en taxi.

La sanidad pública de Grecia invertía en suministros más que la media europea, y no porque los helenos se enfermaran más sino porque a los médicos y enfermeras griegos se les permitía cargar para su casa todo tipo de medicinas y material hospitalario. ¡La corrupción fue una verdadera tragedia griega! (Información de varias fuentes, incluido el diario El País)

Los griegos, especialmente los burócratas y trabajadores, estaban felices con el populismo y demagogia en los que nadaban. ¡Habían descubierto la receta de cómo vivir mejor que los ciudadanos de otros países más ricos de Europa! Pero los subsidios, las grandes prestaciones sociales insostenibles en el tiempo, la corrupción y el endeudamiento público llevaron al colapso de la economía. ¡El país heleno quebró! Como resultado de ello, los grandes beneficios sociales se esfumaron, y la economía familiar de los griegos lleva años pasando por una situación extremadamente difícil. En pago por los desmanes del pasado, un joven marxista en el gobierno, con el apoyo de la extrema derecha, está ahora privatizando puertos, aeropuertos y echando mano de cuánto puede para pagar las deudas de los años de la borrachera populista. ¡Terrible!

En nuestro caso, la primera receta exprés para la quiebra del Estado es la de hacer, como en Grecia, un aumento vertiginoso del número de los empleados públicos (al mejor estilo de lo que ocurre en el Congreso), con una escalada a la par de beneficios sociales, y aumentos salariales del diez por ciento anual, como en el Congreso, para lo cual podríamos contar con la asesoría de Jorge Méndez Herbruger y de Jorge Villavicencio y de corruptos sindicalistas, de forma que se puedan extender esos beneficios laborales a todos los trabajadores de los entes estatales, lo cual se pagaría, como en Grecia, con deuda pública. Con esta sola medida, el país iría a la quiebra en pocos años. ¡Es una receta probada en Grecia y en otros muchos países! Y si queremos acelerar aún más el colapso anunciado, habría que abrir aún más las puertas a la corrupción; aumentar las plazas fantasmas; no licitar la obra pública sino realizarla por medio de ONG; ensanchar el uso de los fideicomisos; estrangular financieramente al MP y a la Contraloría; aumentar la política de subsidios, no solo de energía, transporte público, vivienda, abonos, láminas, sino generalizado a todo aquello que pueda manejarse en forma políticamente clientelar; y seguir el galope del endeudamiento público. Y al final, ¡la quiebra del país! Y, ¡qué Zorba el Griego nos venga a enseñar a bailar el sirtaki!

En el siguiente artículo, me ocuparé de las recetas sobre cómo hacer crecer a un país. Por el poco espacio, igual en este como en el próximo, solo recurro a informaciones y recomendaciones universales y probadas, expresadas en forma exprés.

gasturiasm@gmail.com

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