Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Rambo, mi superintendente favorito

El principal guardián del mercado negro del billete verde.

— Edgar Balsells
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En verdad que admiro a Rambo, nuestro perro estrella de la división Antinarcótica. El can encuentra los dolarucos ya sea en un elegante charnel conducido por guapas salvadoreñas hasta un picopito verdulero de doble fondo requisado este fin de semana.

Mientras el mantenimiento de la Superintendencia de Bancos nos cuesta a los chapines un ojo de la cara, Rambo se contenta con un buen concentrado importado, un poco de cariño de sus conductores, y se raja el lomo en la lluvia y en la pura calle, siendo el principal guardián del mercado negro del billete verde.

Rambo es tan heroico que le propongo a Jimmy, y a su principal asesor de imagen, Sammy que para revaluar la devaluada autoestima de la “Orden del Quetzal”, en acto plenipotenciario en el guacamolón, se le otorgue a Rambo la medalla que otrora era recibida por bien recordados guatemaltecos de a petate.

Las noticias de la semana que comienza nos informan del hallazgo de los fiscales del Ministerio Público, y de los agentes de la Subdirección General de Análisis e Información Antinarcótica (SGAIA), quienes con la ayuda de Rambo investigaron la camioneta de tipo agrícola P-115FZV en la zona 10 capitalina. Los agentes lograron encontrar más de US$13 mil y 150 colones (me imagino costarricenses). Y como suele suceder, el conductor se hizo el maje y no pudo justificar la procedencia de tan preciado cargamento, que equivale más o menos a más de Q100 mil en el mercado negro.

Todo esto es parte de una saga de búsqueda de dólares ilícitos: el pasado 17 de diciembre, tres guapas mujeres salvadoreñas en un Mercedes fueron interceptadas con casi un millón de dolarucos. En ese operativo también participó nuestro protagonista estrella: Rambo.

Si pudiéramos tener acceso a muy cerradas fuentes de información sobre el mercado monetario, muy bien nos daríamos cuenta que, aunque un tanto periódicos, estos hallazgos son un porcentaje ínfimo del ejército de carros y formas de transporte de nuestros dólares que nos caen como recordándonos aquella famosa historia de Milton Friedman sobre la “caída de dólares en helicóptero”.

En efecto, se le atribuye a Friedman, padre del monetarismo y gran inspirador de la política monetaria chapina desde hace 25 años, el estudio de lo que sucede en una ínsula, parecida a nuestra Guatemala actual, que recibe, de súbito una especie de “helicopter money”, es decir, una lluvia de dólares que cae como Maná del cielo, y se reparte un tanto equitativamente entre los ciudadanos.

En su famoso ensayo The Optimum Quantity of Money, Friedman nos revela de manera magistral las manipulaciones del bendito dinero, del cual yo le predico a mis alumnos que se ha convertido hoy en día en la mercancía más ficticia que uno pueda imaginar, porque como se podría aplicar para el caso guatemalteco, los hallazgos de Rambo nos revelan que nuestra oferta monetaria está invadida de factores no calculados, que no hacen sino mantenernos reactivados, incluso incrementando artificialmente nuestro crecimiento.

Tal y como lo ilustra Friedman en ese ensayo, y cuyos consejos fueron seguidos por Ben Bernanke, el mandamás de la FED, para reactivar la economía desde el 2008, es importante para las economías que se invente dinero, que no necesariamente está correspondido con el esfuerzo interno de la productividad del trabajo y del capital.

Los dólares caen, y luego se convierten en quetzales, y como se observó con los casos paradigmáticos de Marllory Chacón y Chico Dólar, con la ayuda de nuestros magos abogados manipuladores del derecho mercantil, se transforman en elegantes empresas con nombres tan sofisticados como Casa Vogue, o en fincas productores de huevos y verduras.

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