Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Homenaje a la vida de Fuentes Mohr

Nació en Quetzaltenango el 22 de noviembre de 1927.

— Irmalicia Velásquez Nimatuj
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El pasado 25 de enero, fecha en que fue asesinado el doctor Alberto Fuentes Mohr, 37 años atrás, en la avenida La Reforma, a pocos metros de la antigua Escuela Politécnica, fue conmemorada con un homenaje a su vida y aportes, en la Universidad Rafael Landívar de Quetzaltenango.

Fuentes Mohr nació en la ciudad de Quetzaltenango el 22 de noviembre de 1927 y cuando fue asesinado –a los 51 años– era diputado por ese departamento. Allí es asumido como uno de los hijos probos del siglo XX. Es además considerado, un ejemplo en la búsqueda de una formación académica de alto nivel iniciada en Guatemala y culminada en el extranjero, la cual puso al servicio de Guatemala y de la región centroamericana. A pesar de provenir de clase media alta, su fin no fue acumular privilegios o riquezas, por el contrario, su condición acomodada la usó estratégicamente para responder al momento histórico que vivió y lo hizo aportando en varios campos pero principalmente en el de la economía política y también creando instituciones que evitaran que Guatemala traspasará la línea del desangramiento.

El asesinato de Fuentes Mohr en 1979, por fuerzas del Comando Seis de la Policía Nacional, es uno de esos actos injustificables e incomprensibles cometidos por el Estado, sobre todo cuando las evidencias muestran que se trataba de un intelectual que dedicaba su vida a comprender y entender la realidad del país. Al mismo tiempo a proponer alternativas para solucionar algunos de los problemas estructurales a través de vías formales que el sistema permitía. Era además, un profesional que creía en las instituciones, un ejemplo son los diferentes cargos que desempeñó con eficacia y responsabilidad dentro del Estado, pero sobre todo, esta el precedente de luchar por construir un partido político que fuera capaz de recoger las aspiraciones de las mayorías y proponer un programa de gobierno que respondiera a las enormes iniquidades que se arrastraban desde la época colonial.

Por eso, su ejecución es una de las evidencia que muestran cómo el Estado le temía a la inteligencia y uno de sus objetivos fue acabar con ella, por todos los medios posibles.

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