Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Guardias de presidio

Los guardias terminan siendo otro preso más.

— Méndez Vides
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El presidio está repleto de hombres y mujeres pagando culpa o equivocación, e inocentes que no tuvieron defensa. Pero al mismo tiempo los presidios son habitados por ciudadanos que no tienen culpa de nada en la vida, porque llegaron a la cárcel como al empleo, los uniforman y ponen a cuidar a los reclusos, a intermediar para que no se maten, vigilando que no se escapen ni trafiquen o delincan, y sin darse cuenta terminan siendo otro preso más. Se pasan la vida entre rejas, comen y duermen como los presos, y su modo de vida depende de ellos. Lo único que los distingue es el uniforme, están encerrados y se hacen amigos de los reclusos. La excepción es que los guardias tienen horas libres en su hogar, y será por eso que los presos en Izabal han estado exigiendo el derecho de poder salir los fines de semana a visitar a su familia para relajarse, porque envidian el frugal privilegio de sus captores.

Un guardia que dedica la vida entera al oficio experimenta la pena de cadena perpetua. ¿Y cómo reconocemos su dedicación? No hablemos de cuánto ganan, porque cualquier cantidad puede parecer insuficiente y porque allí no es donde reside el problema. Lo que desea el ser humano es dignidad. Los guardias trabajan en la cárcel por necesidad, pero debería de existir un trato diferente que marcara la distinción. Los presos ven a los guardias como iguales o, peor aún, como sus siervos.

Los guatemaltecos alimentamos, damos techo, protegemos y gastamos en la supuesta rehabilitación de alrededor de 20 mil privados de libertad. Según declaraciones del Director que acaba de renunciar, hay 80 guardias por cada 3 mil reclusos. Cuando la autoridad realiza requisas sorpresivas, se protegen con pasamontañas, como delincuentes, porque tienen miedo. En Guatemala hay presos de todas las categorías, desde rateros comunes, criminales, empresarios, hasta el expresidente de la nación. Y hay gente en la calle que también se siente cautiva de la delincuencia, y se encomiendan a su fe o contratan guardaespaldas, pero pareciera que nadie está libre.

¿Qué sucederá ahora que los precios de las medicinas están por las nubes y hay escasez de genéricas? ¿Incrementará la delincuencia? Nos están quitando la ventaja de las visacuotas, que era una especie de crédito sin intereses, lo que estimulará la usura y en consecuencia el robo. Y hasta se habla de depreciar el quetzal, lo que implicará que los productos importados serán inalcanzables. Luego las cárceles se seguirán llenando, y el único empleo a la vista para la nueva generación será el de guardia de presidio. Y para mientras el nuevo Presidente nos asombra con el esoterismo de que trabajo hay, lo que falta es dinero.

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