Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El trasfondo y la mecánica operativa de las plazas del Congreso

— Jose Rubén Zamora
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Desde hace unos 20 años el pastel de las plazas del Congreso se parte de la siguiente manera:

A cada diputado raso le asignan tres plazas. A cada jefe de bancada importante le suelen asignar 20 plazas. Es decir, si existen cinco partidos con peso significativo, les asignan en conjunto cien plazas. Y, para hacer el “equilibrio”, a la Junta Directiva –que tiene nueve miembros- le corresponden cien plazas.

Pero la tajada realmente grande la comparten la Junta Directiva y los sindicatos del Congreso. La Junta Directiva otorga, con generosidad y desprendimiento, 300 plazas a los sindicalistas, y la Junta Directiva, para seguir manteniendo el “equilibrio”, se receta 300 plazas para sus miembros.

En este escandaloso robo han sido cómplices en las últimas cinco legislaturas el PAN, el FRG, la GANA, el PP y la UNE de Mario Taracena, y sus flamantes asesores Carlos Menocal, Ronaldo Robles y su conviviente han tenido plazas y salarios que, por cierto, Mario Taracena les duplicará.

Además, la mayoría de diputados es contratista del Estado –Mario Taracena– ha sido uno de ellos.

Si usted visita el edificio del Legislativo exageradamente puede encontrar 400 empleados. En las otras tres plantas que utilizan los diputados se pueden encontrar 120 empleados más. ¿Dónde estarán y a qué se dedicarán los otros 2 mil 480 empleados del Congreso, si es que existen? Por ejemplo, la mayoría de las integrantes del círculo de confianza de Roxana Baldetti también, de manera ilegal, tenían plaza en el Congreso.

Este esquema siniestro y perverso se replica exponencialmente en el MAGA, CIV, MSPAS y en todos los demás ministerios y dependencias del Estado, en un contexto en el que la pobreza y la pobreza extrema son crecientes.

Así, no existe presupuesto del Estado que aguante. Se estima que si se erradicaran estas malas prácticas, el Estado tendría ahorros equivalentes al 16 por ciento de su presupuesto. Eso significa que con el robo en descampado y a mano armada que representan las plazas fantasma, se podrían cubrir los persistentes déficits fiscales y quedaría un impresionante ahorro público o superávit fiscal, al menos del 14 por ciento, que permitiría aumentar sustancialmente el gasto social y las inversiones públicas y reducir drásticamente la deuda pública.

Es indispensable una operación quirúrgica que extirpe las plazas fantasma, las superfluas e innecesarias que solo sirven para enriquecer explosivamente a nuestra sempiterna cleptocracia.

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