Martes 10 DE Diciembre DE 2019
Opinión

¿Podemos salir de la polarización social?

“El que controla el pasado controla el futuro; y el que controla el presente controla el pasado”. George Orwell.

Fecha de publicación: 25-01-16
Por: Marcela Gereda

Con el revuelo que ha causado y la defensa ahistórica que ha hecho gran parte de esta sociedad hacia el juicio a militares por desaparición forzada y crímenes de lesa humanidad, comenzamos el 2016 evidenciando que somos una sociedad altamente polarizada: estamos ante una encrucijada de nuestra propia historia.

Una encrucijada que podría ser oportunidad para construír con verdad y con justicia. Estos días escuchamos con frecuencia desde los extremos más conservadores que los militares tienen una trayectoria “intachable” y que lo único que hicieron fue “defender la soberanía de Guatemala”. También se ha dicho que el motivo de que se encontrara en la base militar restos óseos y enterramientos se debe a que “antes había ahí un cementerio”.

Dadas las condiciones históricas, económicas y socio-políticas del país, pretender que no haya polarización en este debate es imposible, pues siempre nos hemos construido como grupos antagónicos.

Construir con verdad nuestra historia debe ser tarea de todos y para ello hace falta juzgar hechos del pasado tanto hacia los militares como hacia los guerrilleros. De eso se trata la justicia.


Muchos guatemaltecos niegan la historia, huyen de ella: “hay que enterrar el pasado porque apesta”. ¿Cómo pueden estos encantadores de serpientes repetir que hay que enterrar el pasado y delegitimar las declaraciones de los testigos de los familiares de aquellas personas desaparecidas por los escuadrones de la muerte?, ¿cómo se puede pretender que todo se olvide y ocultar las atrocidades cometidas?

¿Qué representa para la construcción de una nueva Guatemala la negación de su historia, voltear los ojos ante los miles de niños quemados y mujeres violadas?

Las heridas de Guatemala solo se compondrán cuando dejemos de tener miedo de mirar de frente al pasado, para construir el futuro. Por ello, debemos de penar cómo se enseñará la historia a nuestros hijos y a los que vendrán después de ellos.

Todos los hombres somos relaciones sociales, productos históricos, hijos de un lugar y de un tiempo concreto, y de un contexto económico y familiar que constryuó nuestra perspectiva –y nuestras ojeras– sobre el mundo. Esto lo olvidan los negadores de la historia: nuestra manera de ver y actuar en el mundo está sujeta a la historia (entendida no solo como el pasado sino como la relación entre este, el presente y el futuro). ¿Por qué entonces nos cuesta tanto comprender que quien ignora y niega la historia, la repite?


La mentira y la descalificación es una herramienta política de quienes a su conveniencia prefiren construir la historia del pueblo sobre mitos que les dan el buen papel, que sobre la verdad. Ignoran que al pretender construir la historia del país en base a mentiras y la negación de la justicia es polarizar y dividir más esta fragmentada sociedad.

Para salir de la polarización necesitamos comprometernos con conocer la historia violenta de la gente que padeció hechos inhumanos a manos del Ejército para defender la soberanía, no de una Guatemala abstracta como dicen los defensores de militares, sino la Guatemala de las fincas, del azúcar, y la Guatemala de los grandes terratenientes. El Ejército no defendió la soberanía del pueblo indígena, más bien masacró a indefensos niños y mujeres. Y si la guerrilla cometió también atrocidades –aunque, por el nivel de medios disponibles, nunca fue a la misma escala que el Ejéricto– también debe de ser juzgada con la mima igualdad.

Para salir de la polarización debemos tratar de comprender que el camino hacia la paz, pasa necesariamente por el camino de la justicia y este por el de conocer la verdad de lo aque aquí ha acontecido. Solo habrá paz cuando haya una historia común.

Esta encrucijada histórica nos puede hacer avanzar en la construcción de campos de entendimiento para una versión de historia verdadera para intentar una historia e identidad con nuestros vivos y también con nuestros muertos, es esa la única forma de dignificar la memoria de un pueblo que para escribir las páginas de un futuro en paz, necesita revisar sus páginas más amargas, para poder por fin escribir sus páginas de la verdad.

 “Vive en el pasado y perderás un ojo. Olvida el pasado y perderás los dos”.