Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Ana María Rosa Vargas de Ortiz

Insigne pionera en la lucha por la dignificación de la mujer y niñez guatemalteca.

— Dina Esther Castro Mejía*
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Honrar honra. El domingo l7 de enero, falleció la querida licenciada Ana María Rosa Vargas de Ortiz, mujer adelantada a su época, se graduó como abogada y notaria, en l960, fecha remota cuando el solo hecho de ser mujer, limitaba las posibilidades de cualquier superación, sin embargo ella lo hizo y se graduó de abogada y notaria, siendo su ideal convertirse en la primera Juez, por lo que hizo su solicitud para ingresar al Organismo Judicial y le fue concedido, sin embargo, como hubo oposición para otorgarle dicho cargo, le enviaron a Petén, lugar inhóspito en aquel tiempo, donde todavía había enfermedades como la malaria, sin embargo, sabiendo ella que esa situación era un reto en su vida profesional, como tal y como mujer aceptó dicho cargo, no obstante su dolor por dejar a su hijo muy pequeño, al cuidado de su madre. Fue su paso por aquel departamento, un alivio para las mujeres, especialmente para las parejas de los que trabajaban en las chicleras, ya que se internaban en la selva y bajaban al pueblo cada 15 días, donde lo que menos hacían, en la mayoría de los casos, era llegar al hogar, sino se quedaban en las cantinas, tratando de olvidar el infierno donde trabajaban, lo que nos recuerda las historias de la Mansión del Pájaro Serpiente, de nuestro ilustre escritor Virgilio Rodríguez Macal, y allá iba Ana María, a buscar a las cantinas a los irresponsables, quienes admirados del valor de aquella mujer, quien con autoridad los llevaba al Despacho a firmar la autorización para que se les descontara del sueldo, la pensión para sus mujeres y sus niños. Esa anécdota, sintetiza el valor, la misión y el concepto de justicia que tenía Ana María. Al ver que esta valerosa mujer no solo había superado el reto de haber sido la primera Juez de Paz, posteriormente fue nombrada Juez de Primera Instancia. En l962, en época de Enrique Peralta Azurdia, por solicitud que hiciera Ana María, a dicho Jefe de Gobierno, fueron convocados, juntamente con el licenciado Rafael Aycinena Salazar y la señora Elisa Molina de Stahl, para hacer el proyecto de la Ley de Tribunales de Familia, Decreto Ley 206, el cual fue publicado el 7 de mayo de 1964. De l960 a l994, laboró en el Organismo Judicial, desempeñándose como Magistrada de Sala de Apelaciones y por último como la primera Magistrada de la Corte Suprema de Justicia, así también como la primera Presidente de la Corte Suprema de Justicia y del Organismo Judicial, en funciones, ya que por ser Vocal I, sustituyó en varias ocasiones al presidente Juan José Rodil Peralta.

Ana María, fue fundadora y presidió la Directiva de casi todas las Asociaciones de Defensa de la Mujer, Niñez, Gremial, como son la Asociación Guatemalteca de Mujeres Universitarias, AGMU; la Asociación Guatemalteca de Abogadas y Notarias, AGAN; el Consejo Nacional de Mujeres; el Instituto de Derecho de Familia; la Oficina Nacional de la Mujer, ONAM; Federación de Mujeres Universitarias, Fecamu, a nivel internacional y de muchas otras asociaciones y murió siendo Presidente de la Junta Directiva de la Asociación Probienestar de la Familia, Aprofam.

El legado de Ana María, es invaluable sus méritos que le han sido reconocidos tanto a nivel nacional como internacional. Queremos con esta pequeña semblanza, dejar constancia de los méritos de Ana María Rosa Vargas de Ortiz, mujer insigne cuyo legado debieran conocer las nuevas generaciones.

* Presidente del Instituto de Derecho de Familia.

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