Domingo 10 DE Diciembre DE 2017
Opinión

¡Urge reducir el presupuesto del Congreso!

— EDITORIAL
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La ciudadanía y la opinión pública en general han reaccionado indignadas ante el despilfarro de fondos públicos en el Congreso, después de que se dieron a conocer los salarios que devenga la burocracia del Legislativo.

El Presupuesto de Egresos del Congreso aprobado por los diputados para el presente año asciende a Q838.65 millones. Es mayor que el renglón presupuestario destinado a la Prevención de la Desnutrición Crónica del Ministerio de Salud y Asistencia Social (Q813.67 millones), duplica el presupuesto del Sistema Penitenciario (Q438.54 millones) y triplica el presupuesto de la Contraloría General de Cuentas (Q297.97 millones).

El Presupuesto de Gastos del Congreso ha venido aumentando escandalosamente durante los últimos años. En 2001 (hace 14 años), el Presupuesto de Egresos del Organismo Legislativo se fijó en Q106.63 millones, o sea casi ocho veces menor al presupuesto actual. En 2006, el presupuesto del Congreso fue de Q270 millones, o sea tres veces menor que el presupuesto de 2016. En 2012, el presupuesto del Congreso se situó en Q505.3 millones, lo que implica que se duplicó el presupuesto de 2006.

En 2013, el presupuesto del Congreso se fijó en Q535.2 millones y saltó a Q838.65 millones en 2016, o sea que se incrementó en casi un 60 por ciento (Q303.45 millones) en dos años y en un 300 por ciento con respecto al presupuesto de 2006 (Q270 millones), es decir en nueve años.

El número de 158 diputados al Congreso no ha variado desde el año 2003. Sin embargo, el gasto del Congreso ha crecido exponencialmente desde 2003. En este año (2003) el Presupuesto de Egresos del Congreso se fijó en Q160.38 millones, en tanto que en 2016 el monto presupuestado asciende a Q838.65 millones, o sea más de cinco veces el monto de 2003. ¡Soberbio! ¿O no?

Por supuesto, la burocracia en el Congreso aumentó estratosféricamente. En 2006, el entonces presidente del Congreso, Jorge Méndez Herbruger, se dio el lujo de negociar un pacto colectivo de condiciones de trabajo tremendamente lesivo para los intereses estatales, el cual sirvió de precedente y marco de referencia para la negociación y suscripción de otros convenios colectivos de condiciones de trabajo en el sector público, en menoscabo del interés hacendario.

Lo anterior sin perjuicio de los viajes, viáticos, vehículos, combustibles, gastos de representación, alimentación, ropa, guardaespaldas y demás de los “representantes del pueblo”.

Sin embargo, ha caído el telón y la francachela con los dineros del pueblo debe terminar. Exigimos que el presupuesto del Congreso se reduzca al nivel del año 2003, que se impugne el pacto de condiciones de trabajo del Congreso y que el número de diputados vuelva a ser 80 como en 1994. Asimismo, demandamos una investigación a fondo de toda esta “danza de millones” en el Congreso y que, más temprano que tarde, se deduzcan las correspondientes responsabilidades legales.