Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Los salarios y el abuso sindical

El liderazgo y la voluntad es lo que lleva a los cambios estructurales.

— Edgar Balsells
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La semana pasada publicamos una columna explicando teóricamente la inflexibilidad de ciertos precios y salarios a la baja, defendiendo la tesis de que los seres humanos no pueden ser tratados como cebollas o remolachas. Lamentablemente, los abusos y los excesos exacerban los ánimos de la opinión pública y de los contribuyentes porque, como lo dijimos la semana pasada, el ser humano compara y dicha comparación sigue la lógica que dice “a cada cual según su trabajo”.

De acuerdo con los primeros reportes revelados por el nuevo Presidente de la Junta Directiva del Congreso, Mario Taracena, dicho organismo posee 1,700 plazas presupuestadas, las que muestran una gran dispersión, oscilando entre un mínimo de Q5 mil a más de Q50 mil para aptitudes parecidas.

La semana pasada advertimos que la inflexibilidad de los salarios a la baja se debe a la influencia de diversas actitudes monopólicas sindicales, principalmente en el sector formal de la economía, tal es el caso de las grandes industrias y el sector público. De acuerdo con los expertos en el tema eso no es necesariamente negativo, en virtud de que produce bienestar general de la gente, observándose que los países con esas características, como es el caso de los nórdicos por ejemplo, parecieran marchar con mejores índices de bienestar.

Sin embargo, cuando el abuso en el uso de los recursos públicos puede llegar incluso a causar una grave crisis financiera o a afectar las ingentes necesidades del Estado para atender a los más pobres, la cuestión se traslapa de la búsqueda de bienestar a privilegios personales abusivos y hasta cierto punto prepotentes.

Pero como la opinión pública pide soluciones, aquí proponemos una concreta: el año pasado, contando con el apoyo del colega Virgilio Reyes, actual Director de Flacso, hicimos una propuesta concreta a la Comisión congresil conformada para recolectar reformas al sistema de servicio civil guatemalteco. Flacso presentó una propuesta integral de reforma al servicio civil guatemalteco, proponiendo diversas ideas entresacadas de la Ley de la Función Pública que actualmente se discute en El Salvador, y que ha recibido el apoyo técnico y financiero de diferentes entidades vinculadas con la cooperación internacional.

¿En qué consisten las propuestas integrales?, pues primero en unificar acciones entre las autoridades de los cuatro sistemas de servicio civil que considera nuestra Constitución: el Organismo Judicial, el Ejecutivo, el Legislativo y las municipalidades del país. En el caso del poder Judicial, fuera de la carrera judicial, la planta administrativa muy bien puede homologarse en puestos y salarios a un nivel estatal.

En segundo lugar, muy bien puede estructurarse una Junta Nacional de Servicio Civil, con poder disciplinario y sancionatorio, a escala estatal, con representantes de todos los sectores, y con una activa participación del Ministro de Trabajo, a efecto de que se homologuen puestos, salarios y sanciones. Dicha Junta podría tener una cobertura parecida a la de la Contraloría General de Cuentas, cuyo marco de acción incluye a todas las actividades que se financian con recursos públicos.

En tercer lugar, se pueden compartir criterios de evaluación del desempeño, motivación de los trabajadores, formación y capacitación, y en fin una serie de actividades que actualmente tiene contemplado ejecutar el Instituto Nacional de Administración Pública.

Posiblemente diversos especialistas en temas jurídicos advertirán que esto es imposible, porque nuestra Constitución manda que los diferentes sistemas son autónomos y deben de navegar de forma separada, pero yo pienso más bien que el liderazgo y la voluntad es lo que lleva a los cambios estructurales, y que en materia de los trabajadores del Estado y el servicio civil, los cambios deben ser de fondo.

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