Lunes 22 DE Abril DE 2019
Opinión

No es de estilo, es de fondo

El gobierno del PP finalmente sucumbió a la vorágine que representó abrir todos los chorros del gasto público sin filtros.

— Manfredo Marroquín

Los problemas que aquejan a Guatemala no se resuelven con un cambio de estilo en la administración pública y gestión de gobierno. La solución de los mismos pasa por una redefinición de modelos en todos los ámbitos, económico, político, social, etcétera. Para que esto se dé, se requiere que el liderazgo nacional preferentemente encabezado por el presidente de la República haga una propuesta que sea seguida de un debate nacional.

El presidente Morales dejó pasar una oportunidad privilegiada para presentar alguna alternativa y romper con los modelos obsoletos vigentes que siguen arrastrando al país a mayores niveles de conflictividad y desorden. Muy pronto verá que la solución a los problemas fiscales, de seguridad ciudadana, de prestación de servicios públicos, transporte y tanto muchos más, no son posibles subido en el mismo potro que decidió montar y que tumbó al último jinete.

No es coincidencia ni casualidad que todos los gobiernos desde que inició la transición hayan salido por la puerta de atrás y sus partidos formen parte ya de la larga lista de organizaciones difuntas que nadie extraña ni echa de menos. Todos tuvieron en común haber elegido trabajar con estructuras obsoletas y amañadas que rápidamente cooptan y detienen el impulso y la buena voluntad de algunos funcionarios que no llegan directamente a fines de saqueo e enriquecimiento ilícito.

Para evitar naufragar en un barco con tantas perforaciones, antes de llegar a la otra orilla que representan los cuatro años de gestión, hace falta al menos tapar los principales orificios que dan entrada a la mayor cantidad de agua al bote. El primero e inmediato que incluso ha sido asumido por el mismo mandatario en su discurso de toma de posesión es detener los flujos de corrupción que representan en términos de legitimidad y confianza ciudadana, el principal capital político que tiene el presidente.

La ruta para lograr este primer objetivo antes de que empiecen a brotar nuevos casos de corrupción que resten y erosionen la credibilidad presidencial es sencilla y urgente. Dotar a los entes de control, principalmente al MP y la Contraloría, de los recursos que demandan para seguir procesando casos de corrupción y fortaleciendo la presencia institucional. Asegurar la implementación de dos leyes que con su sola vigencia real reducirían al máximo los espacios para hacer negocios corruptos, siendo estas la Ley de Compras y Contrataciones del Estado y la Ley de Acceso a la Información Pública, mediante apoyos presupuestarios a la PDH y el Ministerio de Finanzas y el INE.

El gobierno del PP finalmente sucumbió a la vorágine que representó abrir todos los chorros del gasto público sin filtros, habiéndose anulado todo concurso o licitación al punto que los eventos competidos eran la excepción a la regla. Nada de lo anterior ha cambiado ni cambiara si no hay un plan específico para cada uno de los temas.

La segunda fuente de agua a contener está en el desequilibrio de las finanzas públicas que tiene cerradas las ventanillas de créditos blandos abonada por la incapacidad de ejecución de préstamos ya otorgados que se ven sometidos al pago de peaje de las redes de corrupción en las instituciones que son contraparte de los mismos.

Al haber renunciado a ser un cirujano mayor de la operación política al presidente le queda ser un hábil plomero para contener el agua que ingresa al pequeño cayuco que representa la nave de la gobernabilidad en el país.

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