Viernes 18 DE Octubre DE 2019
Opinión

Con rabia de cuestionar

El poder del autoritarismo del pasado es aún fuerte y visible.

Fecha de publicación: 18-01-16
Por: María Aguilar

Uno de los cómplices pasivos, durante la violaciones y brutalidades del conflicto armado fue la sociedad civil, especialmente la urbana y capitalina. Su posicionamiento al margen del terror estatal requiere de un análisis complejo y una aguda crítica, no para apuntar con el dedo sino como proceso que ayude a comprender la indiferencia que continúa hoy, frente a la violencia del pasado, así como a los múltiples procesos de despojo, violaciones e impunidad que afectan a las comunidades indígenas.

Los silencios y complicidades son imposibles de comprender si no se discierne que en Guatemala, la historia oficial ha servido como instrumento de control social. Por lo tanto, la lucha contra lo oficial, la contramemoria, debe de servir para despertar la acción política, aceptar las evidencias sobre los crímenes en el pasado, destruir mitos de un ejército heroico y austero, pero sobre todo, la lucha por la contramemoria no debe aportar más víctimas a la represión.

Este es un proceso difícil. El escándalo de La Línea en abril demostró que a la ciudadanía urbana la moviliza el dinero pero no la justicia. En las movilizaciones, los medios y analistas fueron unánimes en emitir opinión, apoyando la narrativa oficial de que hablar de justicia es dividir.

El poder del autoritarismo del pasado es aún fuerte y visible en el movimiento ciudadano, emergido a partir del 25 de abril del 2015. En el “despertar” abundó la necesidad de seguir las reglas, de no incomodar el tráfico ni horarios laborales y sobre todo de apostar al nacionalismo criollo y a sus símbolos. En este inicio de año, esta rigidez y necesidad de complacencia al abogar por lo “políticamente correcto” resultó en declaraciones, posteriormente borradas, de un colectivo de universitarios queriendo minimizar la responsabilidad del ejército durante la guerra al repetir la tesis dominante de que ambos bandos cometieron violaciones. Otro colectivo publicó reglas para la protesta que requerían mantener silencio sobre el conflicto armado. Aún falta por aprender que colectivamente lo que se necesita es un país y una sociedad con rabia de cuestionar la historia oficial y donde la justicia y no el dinero sean la principal fuente de movilización.