Jueves 23 DE Mayo DE 2019
Opinión

Tan negro como el humo

Tan negro como el fétido humo que emana del escape de esa camioneta vieja, sucia, sobrecargada y de llantas gastadas, es el subsidio que la mantiene en funcionamiento.

Fecha de publicación: 16-01-16
— José Fernando Orellana Wer

No hay nada más nefasto que creerse con el derecho de sacrificar a otros para los propios fines y es eso meramente, el principio sobre el que se basa todo subsidio.

Pero más allá de su inmoralidad, los subsidios fomentan la improductividad y el empobrecimiento.

Es así como un campesino de San Marcos paga Q10 para trasladarse un aproximado de siete kilómetros mientras un poblador de la Ciudad de Guatemala paga entre Q3 y Q4 para recorrer poco más de esa distancia o Q1 para moverse una distancia indefinida en el caso del Transmetro.

La necesidad de un subsidio implica una rentabilidad nula de la actividad que se realiza y en consecuencia, el pago de un precio mayor al precio de mercado. El chivo expiatorio que deberá pagar el costo de ese abaratamiento es ese campesino y el resto de guatemaltecos que, aunque no hagan uso del transporte público subsidiado, lo están pagando con dinero que les ha sido quitado por la fuerza.

Manuel Ayau escribe que “las pérdidas de cada subsidio han sido cuantificadas en abundancia y no es necesario ver estudios, pues basta ver que si una actividad necesita de privilegios para subsistir no es rentable. ¡Y que fácil es ser empresario subsidiado!”.

Es la competencia la que promueve el desarrollo y la búsqueda de alternativas para brindar un mejor, más eficiente y barato servicio. Por el contrario, el subsidio es el perverso incentivo principal para que los transportistas brinden un mediocre e inseguro servicio debido a que la competencia es inexistente y la renta ya la tienen asegurada.

Es momento de que entendamos que el Gobierno es parte del problema del servicio de transporte público. Si queremos solucionar ese problema, se debe terminar con el subsidio y se deben liberar las rutas de paso. De esta forma la competencia se incrementaría pues cada transportista buscaría prestar el mejor servicio posible, al precio más barato, en la ruta que le plazca y habría servicio para toda demanda a diferente precio.

Cada transportista debe ser libre de cobrar el precio que desee y cada usuario de decidir qué precio está dispuesto a pagar. Es una simple dinámica de mercado en la que ambas partes se relacionan una con otra de forma voluntaria y en la que no hay un tercero que deba pagar por los caprichos de un usuario que quiere un precio más bajo o un transportista que quiere cobrar uno más alto.

Son varios los retos para este nuevo Gobierno y eliminar los subsidios es uno de ellos. Si bien es cierto que la decisión probablemente tendría un costo político alto ese costo pierde importancia si el cambio que se desea hacer es en pro de un sistema de justicia, libertad y productividad.