Lunes 22 DE Julio DE 2019
Opinión

Retórica del terror

En Guatemala es imposible analizar la historia de poblaciones indígenas sin tomar en cuenta el poder del lenguaje.

Fecha de publicación: 16-01-16
Por: Irmalicia Velásquez Nimatuj

En América Latina, la discusión sobre la memoria y la reconstrucción de la historia es constante y en ciertos países, incluida Guatemala, provoca divisiones dentro de la sociedad. Lamentablemente trabajos que aborden esta temática en Centroamérica o que se enfoquen en el contexto nacional son escasos. Sin embargo, los que existen muestran que las memorias individuales y colectivas son cruciales para una reconstrucción de la historia oficial, la que hasta ahora ha sido escrita por elites que excluyen las voces y las experiencias de los pueblos indígenas.

Ante esto, en Guatemala es imposible analizar la historia de poblaciones indígenas sin tomar en cuenta el poder del lenguaje. La dialéctica del terror usada históricamente por elites criollas, ladinas y posteriormente, por miembros del Ejército ha sido clave para ejercer y reproducir procesos de dominación y exterminio, así como para mantenerse en el poder. Algunos trabajos ilustran la necesidad de discernir entre un “lenguaje ordinario” y la “retórica del terror”. Entender la diferencia entre ambos conceptos y la manera en que las narrativas se construyen, explica porqué sitúan a los poderosos y violentos como victoriosos y héroes de la nación.

El concepto de la “retórica del terror” trabajado por Marguerite Feitlowitz, en su estudio sobre el impacto de la Guerra Sucia en Argentina (1976-1983) traza cómo la Junta argentina utilizó el leguaje para desinformar y aterrorizar a la población. El gobierno militar despojó a los ciudadanos de sus derechos no solo cometiendo asesinatos, torturas y desapariciones sino, también, a través de la retórica. Las palabras, conceptos y etiquetas se convirtieron en un instrumento del régimen militar, igual de valioso como sus armas.

En Guatemala, el uso del lenguaje, como arma contra la población, fue evidente en la forma en que los términos “comunismo” o “subversivo” se convirtieron en conceptos aplicados a cualquier persona que se organizara durante la segunda mitad del siglo XX. Fue así, que a partir de una recategorización del término “enemigo”, se etiquetó a la mayoría de comunidades indígenas organizadas o no en “enemigos internos” o en “enemigos del Estado. Y esto, definió vidas, exterminando a la mayoría de ellas.